Escándalo cubano alteró varias facultades por Julio César Castro.
LA REPÚBLICA de Uruguay - 29 de Mayo de 2003
No les gustó. Yo sabía que a muchos no les iba a gustar. Todos sabíamos que no podía gustarle a todos. Es más. Mucha gente se enojó. ¿Qué tenía que estar hablando ese hombre en la Facultad de Derecho de Buenos Aires, donde, como dijeron algunos canales de televisión, produjo "escándalo", y provocó "el caos"? ¡No sólo hablando, sino dos horas y media hablando! ¿No habíamos quedado en que estaba gagá? Dos horas y media con la gente de plantón, escuchando al aire libre en una fría noche de mayo porteña. Eso es injusto, es inhumano, es propio de un desalmado. Y para peor, con gesto demagogo, se desprendió de un abrigo que le ofrecieron, y quedó él también de cuerpito gentil, apenas con un traje liviano en la fría noche de mayo porteña. Es verdad: dijo cosas que nadie dice. Cosas que nunca se escuchan por estos lares. Es verdad que por aquí nadie enfoca los problemas de esa manera, nadie entra en detalles, nadie globaliza el discurso para denunciar, mostrar con palabras un mundo que muchos se empeñan en ocultar. Pero aceptemos también que humilla, y eso enoja.
Humilla por comparación, porque la gente no puede menos que cotejar, que para eso es que este sujeto vino, se paró, y habló dos horas y media de los temas más importantes del hombre en sociedad, para eso, para que la gente coteje, para humillar a los nuestros, a los que plantean como solución, por ejemplo, que se junten "Cuatro más uno", en evidente incapacidad para decir "Cinco". Estaba clavado que se iban a enojar. No hay costumbre. Ninguno de nuestros gobernantes retiene a semejante multitud durante dos horas y media y sin chistar. Ni la reúne.
Y viene este caribeño, porque no es otra cosa que un caribeño, igual que el otro, el Chávez, que son tal para cual, vecina, porque se les nota esa desfachatez, y viene este y en dos patadas arma un escándalo en la fría noche de mayo porteña.
Con un presidente recién electo y lastimado en la frente, con la gente cansada de escuchar discursos y declaraciones, ¡dígame si son cosas de hacer! Un escándalo, sí señor, porque la propia revolución cubana que este señor comandó, fue un escándalo histórico, y ahora, con total desparpajo, viene a sembrar el caos precisamente en la Facultad de Derecho, que lo faculta, y la altera. ¡Este señor altera todas las facultades! ¡Dónde se ha visto! Pero hay más, señor mío.
Más y peor, y más grave aun. Los servicios de inteligencia lo estuvieron registrando todo, y posiblemente se llegue a la conclusión de que él no era él, sino uno de sus dobles.
Parece que uno de los mil setecientos cuarenta y dos movimientos que hizo con las manos, no estaba dentro de su repertorio de movimientos. Ese movimiento extraño, nunca visto antes, sería la prueba de que se trataba de otro individuo el que, traicionado por su personalidad real, introdujo en el discurso uno de sus movimiento personales. De confirmarse, el gobierno cubano debería disculparse ante el argentino, por haber mandado a un segundo.
O el gobierno argentino debiera agradecerle al cubano, no haber mandado al primero, porque si este doble es así, no quiero ni pensar cómo será el otro, el original.