Jueves, 08 de diciembre de 2005
3"Mafalda son diez años nada más"

ImagenEntrevista extraida de bbc.com356

Señor Lavado, en una tira de Mafalda, Guille quien acaba de hacer dibujos por todas las paredes de la casa le pregunta a su mamá: "¿No es increíble todo lo que puede caber dentro de un lápiz?"

-¿Usted alguna vez se imaginó que de su lápiz, del lápiz de Quino, iban a salir todas las cosas que han salido?

-Bueno, esa es una tira casi autobiográfica, porque cuando yo tenía tres años un tío mío - que es pintor y dibujante - para entretenernos a mis hermanos y a mí, se puso a hacer dibujos y esa noche pude ver todo lo que salía dentro de un lápiz y me quedé maravillado y desde esa noche decidí que yo también quería ser dibujante.

 
-Y ¿Alguna vez le pasó que dibujara algunos garabatos, unos palotes en una pieza de papel y se lo entregara a su papá o a su mamá y le dijeran qué lindo y lo pusieran en la puerta de la heladera, por ejemplo?

-No, bueno eso no. Nunca desaprobaron mis dibujitos pero tampoco es que los elogiaran especialmente. Yo tampoco en esa época dibujaba tantísimo.

Dibujaba sí sobre la tabla de la mesa de la cocina, directamente sobre la tabla. Había hecho un trato con mi madre que después yo lavaba la tabla con cepillo y jabón para limpiar la mesa.


-Así que las primeras obras de Quino desaparecieron en la mesa de la cocina.
Desaparecieron sobre la tabla esta de álamo.

Ahora, uno observa que ha hecho a lo largo de su carrera y ve que hay recurrencia en temas como la pobreza, la discriminación, el autoritarismo. ¿No le parece triste que la humanidad siga dándole pretextos para hacer humor?

-Me parece muy triste pero bueno no solamente lo compruebo con mis dibujos. Leo el Antiguo Testamento y compruebo que la cosa viene de mucho más lejos todavía. Lo cual es peor todavía, es mucho más triste.

Precisamente por los temas de sus dibujos, ¿alguna vez lo censuraron por sus trabajos, lo persiguieron, le hicieron alguna visita, alguna advertencia?

-Sí, sí, en el año 76 tuve que dejar la Argentina, y bueno la Argentina siempre ha tenido mucha censura.

Yo nací con regímenes militares, he conocido muy pocos gobiernos democráticos, y siempre, desde que empecé a publicar, me advirtieron toda la serie de temas que no se podían tocar, así que uno al final se autocensura también porque si uno se cría dentro de un ambiente así, al final se dice mejor tales temas no los toco.

Aunque siempre está el recurso de cambiarlos de época. Si uno quiere hablar de autoritarismo en vez de ponerlo en la época actual lo pone dos siglos para atrás y más o menos lo dejaban pasar, pero no es cómodo trabajar bajo sistemas así.


-¿Le hicieron una advertencia concreta?

-Bueno sí, romper la puerta de la casa de uno por un grupo armado. Por suerte no estábamos.

A lo mejor fue un error, se equivocaron de persona, iban a buscar a alguien creyendo que buscaban a otro, pero la situación no era para quedarse a ver si era un error o no.


-En ese momento es cuando se van a Milán.

Sí a Milán. Ahora yo sigo yendo a Milán todos los años, voy y vengo entre la Argentina, Italia, España y Francia.

¿Cuándo decide volver a Buenos Aires y porqué vuelve a esa ciudad?

-Empecé a volver una vez al año, me quedaba un mes, y dos años más tarde me quedaba dos meses y así, bueno, cuando en el 83 recuperamos la democracia ya me quedé más tiempo.

-Hablando de relaciones de poder, usted dijo alguna vez que dejó la escuela de arte cansado de dibujar ánforas y yesos, supongo que eso era porque era lo que le imponían en la escuela de arte.

-Sí, bueno, ahora me parece bien que impongan ese tipo de cosas. Lo que pasa es que uno cometió la estupidez de creer que si yo iba a ser dibujante de humor o de historietas todo eso no me servía para nada.

Después aprendí que en realidad si uno quiere romper una manera de dibujar tiene que primero saber dibujar muy bien para luego saber cómo romper esa manera.

O sea, si uno tiene que volar un puente tiene que saber un poco de ingeniería para saber donde poner las cargas de dinamita, si no, el puente se vuela mal o no se cae.

Uno cuando es muy joven y muy poco experto en estas cosas cree que a partir de Picasso ya no hay que saber anatomía en serio, ni formas geométricas, ni estudiar perspectivas ni nada de eso y eso no.

Pero Picasso cuando era chiquito dibujaba tan bien como Rubens y por eso pudo hacer luego lo que hizo.


-Sin embargo usted hoy en día es Quino y me imagino que no se arrepiente de haber dejado la escuela de arte.

-Sí, me arrepiento mucho porque me hubieran enseñado a hacer bien cosas que luego tuve que aprender solo y hacerlas mal.

-En ese momento que usted deja la escuela de arte está decidido a convertirse en dibujante de caricaturas, ¿Por qué decide hacerse dibujante humorístico?

-Bueno por influencia de todas las revistas que yo leía cuando era chiquito y admiraba a muchos dibujantes de humor.

Argentina siempre ha tenido una gran cantidad de dibujantes de humor muy buenos, aparte de los dibujantes de humor extranjeros que se publicaron aquí también.

Me pareció una manera de expresarme que tenía mucho que ver con mi personalidad.


-Cuando usted toma esa decisión viene una época muy larga y difícil donde va a Buenos Aires, recorre las redacciones con sus dibujos, no logra colocar sus dibujos durante mucho tiempo. ¿De qué vivía mientras no podía vivir todavía de los dibujos que hacía?

-Algún trabajito publicitario, algún cartel para algún negocio, y además mi hermano mayor me ayudaba bastante.

-Cuando me estaba documentando para esta entrevista alguien me dijo que Mafalda no es de los temas que más le gusta hablar en las entrevistas.

-En cierto modo un poco sí, pero es porque creo que frente a todo lo que llevo haciendo hace cincuenta años, Mafalda son diez años nada más de parte de mis dibujos, entonces me parece un poco desproporcionado el interés que ha suscitado Mafalda frente a todo el resto de mi obra.

Pero hay que admitir que la gente cuando se encuentra frente a un dibujo que tiene nombre y se repiten las situaciones y que se identifica más con un grupo de personajes es mucho más lógico que así sea y no que se identifique con personajes como los demás dibujos míos que cambian semana a semana.


-Y además Mafalda ha sido traducido, si uno saca la cuenta, a casi tantos idiomas como la Biblia. ¿Por qué cree usted que Mafalda funciona tan bien en chino, en portugués, en porteño, etc.?

-Y yo creo que porque los temas que se tocan son universales.

Yo he tratado siempre, tal vez por ser hijo de inmigrantes y haberme criado en una provincia argentina que estaba llena de inmigrantes, he recibido de pequeño una especie de cultura globalizadora que hace que también uno pueda comunicarse mejor con gente de otros lugares.


-Otro de sus libros "A La Buena Mesa" le valió un reconocimiento de una asociación de gastrónomos en España. ¿Usted es un sibarita o es más bien aficionado a la cocina casera?

-Soy más bien aficionado a la comida casera, lo que pasa es que lo el restaurante es una situación político social muy clásica.

La gente que va al restaurante es porque quiere comer, cosa que pretenden todos los pueblos del mundo, y tiene que atenerse a lo que le diga la gente que atiende el restaurante que es el gobierno: tal cosa no hay, tal cosa no se puede, se nos acabó.

Uno pide una cosa y le traen otra y se la tiene que comer igual y al final uno termina pagando, que es al final lo que terminan haciendo todos los habitantes de todo el planeta frente a los gobiernos.


-¿Y esa es la interpretación que tienen los que le dieron el reconocimiento por el libro o es distinto?

-No (risas), yo creo que es distinta porque esta es la Asociación Madrileña de Empresarios de Restaurantes y Cafeterías.

Supongo que ellos, ante tal abundancia temática mía, dijeron: vamos a darle a este hombre una plaqueta de reconocimiento, pero nada más.


-Me dijo cuando estábamos a punto de empezar esta entrevista que está terminando una página que tiene que terminar hoy. ¿Usted sigue trabajando entonces?

-Yo sigo trabajando, tengo que entregar cada semana una página para la revista dominical de un periódico de aquí de Argentina y esa página se republica donde se pueda vender.

-¿Han cambiado sus temas después de casi 51 años de carrera, de trabajo?

-Ha cambiado un poco la visión porque es distinta la visión de cuando uno empieza a trabajar a los veintidós años a tener setenta años hoy.

Pero la temática en general sigue siendo bastante la misma.

Lo que le decía antes de los débiles, los poderosos, la injusticia, la pobreza, la desigualdad social, esos temas que a uno le preocupan siempre.

Por supuesto también se han agregado la vejez, la muerte, el amor. Los temas que encuentra uno en el cine, en las canciones, en todos lados.


-Después de 51 años de carrera ¿cuál cree usted que es el aporte de Quino al humor gráfico en el mundo?

-Hay muchísimos padres que vienen y me dicen: mi chico no se interesaba por la lectura entonces le mostramos sus libros y ahí él empezó a interesarse y a leer y ésa es la satisfacción más grande que tengo en mi vida.
Realizado por Mal_fica @ 14:00  | Otros
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