Mi?rcoles, 21 de diciembre de 2005
Hace 52 a?os, el 26 de julio de 1953, un grupo de j?venes encabezados por Fidel Castro atac? el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, y el cuartel de la ciudad de Bayamo.

El ataque al Moncada, aunque fue un fracaso militar, represent? el inicio de la revoluci?n cubana, que triunf? el 1 de enero de 1959, tras la fuga al extranjero del gobernante Fulgencio Batista.

Batista hab?a sido acusado por Fidel Castro y sus compa?eros de usurpar el poder en 1952 y no respetar la Constituci?n democr?tica de 1940.

Tras el ataque al Moncada, muchos de los j?venes asaltantes fueron asesinados.

El Dr. Fidel Castro, quien fue capturado pocos d?as despu?s en las monta?as, era abogado y llev? a cabo su propia defensa, donde pronuncio un historico discurdo llamado "La historia me absolver?".

LA PRIMERA PARTE

El 10 de marzo tiene lugar en el momento en que hab?a descendido hasta el m?nimo el prestigio del gobierno civil, circunstancia que aprovecharon Batista y su camarilla. ?Por qu? no lo hicieron despu?s del 1? de junio? Sencillamente porque si esperan que la mayor?a de la naci?n expresase sus sentimientos en las urnas, ninguna conspiraci?n hubiera encontrado eco en la tropa.

Puede hacerse, por tanto, una segunda afirmaci?n: el Ej?rcito jam?s se ha sublevado contra un r?gimen de mayor?a popular. Estas verdades son hist?ricas, y si Batista se empe?a en permanecer a toda costa en el poder contra la voluntad absolutamente mayoritaria de Cuba, su fin ser? m?s tr?gico que el de Gerardo Machado.

Puedo expresar mi concepto en lo que a las Fuerzas Armadas se refiere, porque habl? de ellas y las defend?a cuando todos callaban, y no lo hice para conspirar ni por inter?s de ning?n g?nero, porque est?bamos en plena normalidad constitucional, sino por meros sentimientos de humanidad y deber c?vico. Era en aquel tiempo el peri?dico Alerta uno de los m?s le?dos por la posici?n que manten?a entonces en la pol?tica nacional, y desde sus p?ginas realic? una memorable campa?a contra el sistema de trabajos forzados a que estaban sometidos los soldados en las fincas privadas de los altos personajes civiles y militares, aportando datos, fotograf?as, pel?culas y pruebas de todas clases con las que me present? tambi?n ante los tribunales denunciando el hecho el d?a 3 de marzo de 1952. Muchas veces dije en esos escritos que era de elemental justicia aumentarles el sueldo a los hombres que prestaban sus servicios en las Fuerzas Armadas. Quiero saber de uno m?s que haya levantado su voz en aquella ocasi?n para protestar contra tal injusticia. No fue por cierto Batista y compa??a, que viv?a muy bien protegido en su finca de recreo con toda clase de garant?as, mientras yo corr?a mil riesgos sin guardaespaldas ni armas.

Conforme lo defend? entonces, ahora, cuando todos callan otra vez, le digo que se dej? enga?ar miserablemente, y a la mancha, el enga?o y la verg?enza del 10 de marzo, ha a?adido la mancha y la verg?enza, mil veces m?s grande, de los cr?menes espantosos e injustificables de Santiago de Cuba. Desde ese momento el uniforme del Ej?rcito est? horriblemente salpicado de sangre, y si en aquella ocasi?n dije ante el pueblo y denunci? ante los tribunales que hab?a militares trabajando como esclavos en las fincas privadas, hoy amargamente digo que hay militares manchados hasta el pelo con la sangre de muchos j?venes cubanos torturados y asesinados. Y digo tambi?n que si es para servir a la Rep?blica, defender a la naci?n, respetar al pueblo y proteger al ciudadano, es justo que un soldado gane por lo menos cien pesos; pesos es para matar y asesinar, para oprimir al pueblo, traicionar la naci?n y defender los intereses de un grupito, no merece que la Rep?blica se gaste ni un centavo en ej?rcito, y el campamento de Columbia debe convertirse en una escuela e instalar all?, en vez de soldados, diez mil ni?os hu?rfanos.

Como quiero ser justo antes de todo, no puedo considerar a todos los militares solidarios de esos cr?menes, esas manchas y esas verg?enzas que son obras de unos cuantos traidores y malvados, pero todo militar de honor y dignidad que ame su carrera y quiera su constituci?n, est? en el deber de exigir y luchar para que esas manchas sean lavadas, esos enga?os sean vengados y esas culpas sean castigadas si no quieren que ser militar sea para siempre una infamia en vez de un orgullo.

Claro que el 10 de marzo no tuvo m?s remedio que sacar a los soldados de las fincas privadas, pero fue para ponerlos a trabajar de reporteros, choferes, criados y guardaespaldas de toda la fauna de politiqueros que integran el partido de la dictadura. Cualquier jerarca de cuarta o quinta categor?a se cree con derecho a que un militar le maneje el autom?vil y le cuida las espaldas, cual si estuviesen temiendo constantemente un merecido puntapi?.

Si exist?a en realidad un prop?sito reivindicador, ?por qu? no se les confiscaron todas las fincas y los millones a los que como Genovevo P?rez D?mera hicieron su fortuna esquilmando a los soldados, haci?ndolos trabajar como esclavos y desfalcando los fondos de las Fuerzas Armadas? Pero no: Genovevo y los dem?s tendr?n soldados cuid?ndolos en sus fincas porque en el fondo todos los generales del 10 de marzo est?n aspirando a hacer lo mismo y no pueden sentar semejante precedente.

El 10 de marzo fue un enga?o miserable, s?... Batista, despu?s de fracasar por la v?a electoral ?l y su cohorte de politiqueros malos y desprestigiados, aprovech?ndose de su descontento, tomaron de instrumento al Ej?rcito para trepar al poder sobre las espaldas de los soldados. Y yo s? que hay muchos hombres disgustados por el desenga?o: se les aument? el sueldo y despu?s con descuentos y rebajas de toda clase se les volvi? a reducir; infinidad de viejos elementos desligados de los institutos armados volvieron a filas cerr?ndoles el paso a hombres j?venes, capacitados y valiosos; militares de m?rito han sido postergados mientras prevalece el m?s escandaloso favoritismo con los parientes y allegados de los altos jefes. Muchos militares decentes se est?n preguntando a estas horas qu? necesidad ten?an las Fuerzas Armadas de cargar con la tremenda responsabilidad hist?rica de haber destrozado nuestra Constituci?n para llevar al poder a un grupo de hombres sin moral, desprestigiados, corrompidos, aniquilados para siempre pol?ticamente y que no pod?an volver a ocupar un cargo p?blico si no era a punta de bayoneta, bayoneta que no empu?an ellos...

Por otro lado, los militares est?n padeciendo una tiran?a peor que los civiles. Se les vigila constantemente y ninguno de ellos tiene la menor seguridad en sus puestos: cualquier sospecha injustificada, cualquier chisme, cualquier intriga, cualquier confidencia es suficiente para que los trasladen, los expulsen o los encarcelen deshonrosamente. ?No les prohibi? Tabernilla en una circular conversar con cualquier ciudadano de la oposici?n, es decir, el noventa y nueve por ciento del pueblo?... ?Qu? desonfianza!... ?Ni a las v?rgenes vestales de Roma se les impuso semejante regla! Las tan cacareadas casitas para los soldados no pasan de trescientas en toda la Isla y, sin embargo, con lo gastado en tanques, ca?ones y armas hab?a para fabricarle una casa a cada alistado; luego, lo que le importa a Batista no es proteger al Ej?rcito, sino que el Ej?rcito lo proteja a ?l; se aumenta su poder de opresi?n y de muerte, pero esto no es mejorar el bienestar de los hombres. Guardias triples, acuartelamiento constante, zozobra perenne, enemistad de la ciudadan?a, incertidumbre del porvenir, eso es lo que se le ha dado al soldado, o lo que es lo mismo: "Muere por el r?gimen, soldado, dale tu sudor y tu sangre, te dedicaremos un discurso y un ascenso p?stumo (cuando ya no te importe), y despu?s... seguiremos viviendo bien y haci?ndonos ricos; mata, atropella, oprime al pueblo, que cuando el pueblo se canse y esto se acabe, t? pagar?s nuestros cr?menes y nosotros nos iremos a vivir como pr?ncipes en el extranjero; y si volvemos alg?n d?a, no toques, no toques t? ni tus hijos en la puerta de nuestros palacetes, porque seremos millonarios y los millonarios no conocen a los pobres. Mata, soldado, oprime al pueblo, contra ese pueblo que iba a librarlos a ellos inclusive de la tiran?a, la victoria hubiera sido del pueblo. El se?or fiscal estaba muy interesado en conocer nuestras posibilidades de ?xito. Esas posibilidades se basaban en razones de orden t?cnico y militar y de orden social. Se ha querido establecer el mito de las armas modernas como supuesto de toda imposibilidad de lucha abierta y frontal del pueblo contra la tiran?a. Los desfiles militares y las exhibiciones aparatosas de equipos b?licos, tienen por objeto fomentar este mito y crear en la ciudadan?a un complejo de absoluta impotencia. Ning?n arma, ninguna fuerza es capaz de vencer a un pueblo que se decide a luchar por sus derechos. Los ejemplos hist?ricos a luchar por sus derechos. Los ejemplos hist?ricos pasados y presentes son incontables. Est? bien reciente el caso de Bolivia, donde los mineros, con cartuchos de dinamita, derrotaron y aplastaron a los regimientos del ej?rcito regular. Pero los cubanos, por suerte, no tenemos que buscar ejemplos en otro pa?s, porque ninguno tan elocuente y hermoso como el de nuestra propia patria. Durante la guerra del 95 hab?a en Cuba cerca de medio mill?n de soldados espa?oles sobre las armas, cantidad infinitamente superior a la que pod?a oponer la dictadura frente a una poblaci?n cinco veces mayor. Las armas del ej?rcito espa?ol eran sin comparaci?n m?s modernas y poderosas que las de los mambises; estaba equipado muchas veces con artiller?a de campa?a, y su infanter?a usaba el fusil de retrocarga similar al que usa todav?a la infanter?a moderna. Los cubanos no dispon?an por lo general de otra arma que los machetes, porque sus cartucheras estaban casi siempre vac?as. Hay un pasaje inolvidable de nuestra guerra de independencia narrado por el general Mir? Argenter, jefe del Estado Mayor de Antonio Maceo, que pude traer copiado en esta notica para no abusar de la memoria.

"La gente biso?a que mandaba Pedro Delgado, en su mayor parte provista solamente de machete, fue diezmada al echarse encima de los s?lidos espa?oles, de tal manera, que no es exagerado afirmar que de cincuenta hombres, cayeron la mitad. Atacaron a los espa?oles con los pu?os ?sin pistola, sin machete y si cuchillo! Escudri?ando las malezas de R?o Hondo, se encontraron quince muertos m?s del partido cubano, sin que de momento pudiera se?alarse a qu? cuerpo pertenec?an. No presentaban ning?n vestigio de haber empu?ado el arma: el vestuario estaba completo, y pendiente de la cintura no ten?an m?s que el vaso de lata; a dos pasos de all?, el caballo ex?nime, con el equipo intacto. Se reconstruy? el pasaje culminante de la tragedia: esos hombres, siguiendo a su esforzado jefe, el teniente coronel Pedro Delgado, hab?an obtenido la palma del hero?smo; se arrojaron sobre las bayonetas con las manos solas: el ruido del metal, que sonaba en torno a ellos, era el golpe del vaso de beber al dar contra el mu??n de la montura. Maceo se sinti? conmovido, ?l, tan acostumbrado a ver la muerte en todas las posiciones y aspectos, y murmur? este paneg?rico: "Yo nunca hab?a visto eso; gente novicia que ataca inerme a los espa?oles ?con el vaso de beber agua por todo utensilio! ?Y yo le daba el nombre de impedimenta!"..."

?As? luchan los pueblos cuando quieren conquistar su libertad: les tiran piedras a los aviones y viran los tanques boca arriba!

Una vez en poder nuestro la ciudad de Santiago de Cuba, hubi?ramos puesto a los orientales inmediatamente en pie de guerra. A Bayamo se atac? precisamente para situar nuestras avanzadas junto al r?o Cauto. No se olvide nunca que esta provincia que hoy tiene mill?n y medio de habitantes, es sin duda la m?s guerrera y patri?tica de Cuba; fue ella la que mantuvo encendida la lucha por la independencia durante treinta a?os y le dio el mayor tributo de sangre, sacrificio y hero?smo. En Oriente se respira todav?a el aire de la epopeya gloriosa y, al amanecer, cuando los gallos cantan como clarines que tocan diana llamando a los soldados y el sol se eleva radiante sobre las empinadas monta?as, cada d?a parece que va a ser otra vez el de Yara o el de Baire.

Dije que las segundas razones en que se basaba nuestra posibilidad de ?xito eran de orden social. ?Por qu? ten?amos la seguridad de contar con el pueblo? Cuando hablamos de pueblo no entendemos por tal a los sectores acomodados y conservadores de la naci?n, a los que viene bien cualquier r?gimen de opresi?n, cualquier dictadura, cualquier despotismo, postr?ndose ante el amo de turno hasta romperse la frente contra el suelo. Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos enga?an y traicionan, la que anhela una patria mejor y m?s digna y m?s justa; la que est? movida por ansias digna y m?s justa; la que est? movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generaci?n tras generaci?n, la que ans?a grandes y sabias transformaciones en todos los ?rdenes y est? dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en s? misma, hasta la ?ltima gota de sangre. La primera condici?n de la sinceridad y de la buena fe en un prop?sito, es hacer precisamente lo que nadie hace, es decir, hablar con entera claridad y sin miedo. Los demagogos y los pol?ticos de profesi?n quieren obrar el milagro de estar bien en todo y con todos, enga?ando necesariamente a todos en todo. Los revolucionarios han de proclamar sus ideas valientemente, definir sus principios y expresar sus intenciones para que nadie se enga?e, ni amigos ni enemigos.

Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata, a los seiscientos mil cubanos que est?n sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente sin tener que emigrar de su patria en busca de sustento; a los quinientos mil obreros del campo que habitan en los boh?os miserables, que trabajan cuatro meses al a?o y pasan hambre el resto compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar y cuya existencia debiera mover m?s a compasi?n si no hubiera tantos corazones de piedra; a los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros cuyos retiros, todos, est?n desfalcados, cuyas conquistas les est?n arrebatando, cuyas viviendas son las infernales habitaciones de las cuarter?as, cuyos salarios pasan de las manos del patr?n a las del garrotero, cuyo futuro es la rebaja y el despido, cuya vida es el trabajo perenne y cuyo descanso es la tumba; a los cien mil agricultores peque?os, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contempl?ndola siempre tristemente como Mois?s a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos, que no pueden amarla, ni mejorarla, ni embellecerla, planta un cedro o un naranjo porque ignoran el d?a que vendr? un alguacil con la guardia rural a decirles que tienen que irse; a los treinta mil maestros y profesores tan abnegados, sacrificados y necesarios al destino mejor de las futuras generaciones y que tan mal se les trata y se les paga; a los veinte mil peque?os comerciantes abrumados de deudas, arruinados por la crisis y rematados por una plaga de funcionarios filibusteros y venales; a los diez mil profesionales j?venes: m?dicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmac?uticos, periodistas, pintores, escultores, etc?tera, que salen de las aulas con sus t?tulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callej?n sin salida, cerradas todas las puertas, sordas al clamor y a la s?plica. ??se es el pueblo, cuyos caminos de angustias est?n empedrados de enga?os y falsas promesas, no le ?bamos a decir: "Te vamos a dar", sino: "?Aqu? tienes, lucha ahora con toda tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!"

En el sumario de esta causa han de constar las cinco leyes revolucionarias que ser?an proclamadas inmediatamente despu?s de tomar el cuartel Moncada y divulgadas por radio a la naci?n. Es posible que el coronel Chaviano haya destruido con toda intenci?n esos documentos, pero si ?l los destruy?, yo los conservo en la memoria.

La primera ley revolucionaria devolv?a al pueblo la soberan?a y proclamaba la Constituci?n de 1940 como la verdadera ley suprema del Estado, en tanto el pueblo decidiese modificarla o cambiarla, y a los efectos de su implantaci?n y castigo ejemplar a todos los que la hab?an traicionado, no existiendo ?rganos de elecci?n popular para llevarlo a cabo, el movimiento revolucionario, como encarnaci?n moment?nea de esa soberan?a, ?nica fuente de poder legislativo, asum?a todas las facultades que le son inherentes a ella, excepto de legislar, facultad de ejecutar y facultad de juzgar.

Esta actitud no pod?a ser m?s di?fana y despojada de chocher?as y charlatanismos est?riles: u gobierno aclamado por la masa de combatientes, recibir?a todas las atribuciones necesarias para proceder a la implantaci?n efectiva de la voluntad popular y de la verdadera justicia. A partir de ese instante, el Poder Judicial, que se ha colocado desde el 10 de marzo frente a al Constituci?n y fuera de la Constituci?n, recesar?a como tal Poder y se proceder?a a su inmediata y total depuraci?n, antes de asumir nuevamente las facultades que le concede la Ley Suprema de la Rep?blica. Sin estas medidas previas, la vuelta a la legalidad, poniendo su custodia en manos que claudicaron deshonrosamente, ser?a una estafa, un enga?o y una traici?n m?s.

La segunda ley revolucionaria conced?a la propiedad inembargable e instransferible de la tierra a todos los colonos, subcolonos, arrendatarios, aparceros y precaristas que ocupasen parcelas de cinco o menos caballer?as de tierra, indemnizando el Estado a sus anteriores propietarios a base de la renta que devengar?an por dichas parcelas en un promedio de diez a?os.

La tercera ley revolucionaria otorgaba a los obreros y empleados el derecho a participar del treinta por ciento de las utilidades en todas las grandes empresas industriales, mercantiles y mineras, incluyendo centrales azucareros. Se exceptuaban las empresas meramente agr?colas en consideraci?n a otras leyes de orden agrario que deb?an implantarse.

La cuarta ley revolucionaria conced?a a todos los colonos el derecho a participar del cincuenta y cinco por ciento del rendimiento de la ca?a y cuota m?nima de cuarenta mil arrobas a todos los peque?os colonos que llevasen tres o m?s a?os de establecidos.

La quinta ley revolucionaria ordenaba la confiscaci?n de todos los bienes a todos los malversadores de todos los gobiernos y a sus causahabientes y herededor en cuanto a bienes percibidos por testamento o abintestato de procedencia mal habida, mediante tribunales especiales con facultades plenas de acceso a todas las fuentes de investigaci?n, de intervenir a tales efectos las compa??as an?nimas inscriptas en el pa?s o que operen en ?l donde puedan ocultarse bienes malversados y de solicitar de los gobiernos extranjeros extradici?n de personas y embargo de bienes. La mitad de los bienes recobrados pasar?an a engrosar las cajas de los retiros obreros y la otra mitad a los hospitales, asilos y casas de beneficencia.

Se declaraba, adem?s, que la pol?tica cubana en Am?rica ser?a de estrecha solidaridad con los pueblos democr?ticos del continente y que los perseguidos pol?ticos de las sangrientas tiran?as que oprimen a las naciones hermanas, encontrar?an en la patria de Mart?, no como hoy, persecuci?n, hambre y traici?n, sino asilo generoso, hermandad y pan. Cuba deb?a ser baluarte de libertad y no eslab?n vergonzoso de despotismo.

Estas leyes ser?an proclamadas en el acto y a ellas seguir?an, una vez terminada la contienda y previo estudio minucioso de su contenido y alcance, otra serie de leyes y medidas tambi?n fundamentales como la reforma agraria, la reforma integral de la ense?anza y la nacionalizaci?n del trust el?ctrico y el trust telef?nico, devoluci?n al pueblo del exceso ilegal que han estado cobrando en sus tarifas y pago al fisco de todas las cantidades que han burlado a la hacienda p?blica.

Todas estas pragm?ticas y otras estar?an inspiradas en el cumplimiento estricto de dos art?culos esenciales de nuestra Constituci?n, uno de los cuales manda que se proscriba el latifundio y, a los efectos de su desaparici?n, la ley se?ale el m?ximo de extensi?n de tierra que cada persona o entidad pueda poseer para cada tipo de explotaci?n agr?cola, adoptando medidas que tiendan a revertir la tierra al cubano; y el otro ordena categ?ricamente al Estado emplear todos los medios que est?n a su alcance para proporcionar ocupaci?n a todo el que carezca de ella y asegurar a cada trabajador manual o intelectual una existencia decorosa. Ninguna de ellas podr? ser tachada por tanto de inconstitucional. El primer gobierno de elecci?n popular que surgiere inmediatamente despu?s, tendr?a que respetarlas, no s?lo porque tuviese un compromiso moral con la naci?n, sino porque los pueblos cuando alcanzan las conquistas que han estado anhelando durante varias generaciones, no hay fuerza en el mundo capaz de arrebat?rselas.

El problema de la tierra, el problema de la industrializaci?n, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educaci?n y el problema de la salud del pueblo; he ah? concretados los seis puntos a cuya soluci?n se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades p?blicas y la democracia pol?tica.

Quiz?s luzca fr?a y te?rica esta exposici?n, si no se conoce la espantosa tragedia que est? viviendo el pa?s en estos seis ?rdenes, sumada a la m?s humillante opresi?n pol?tica.

El ochenta y cinco por ciento de los peque?os agricultores cubanos est? pagando renta y vive bajo la perenne amenaza del desalojo de sus parcelas. M?s de la mitad de las mejores tierras de producci?n cultivadas est? en manos extranjeras. En Oriente, que es la provincia m?s ancha, las tierras de la United Fruit Company y la West Indies unen la costa norte con la costa sur. Hay doscientas mil familias campesinas que no tienen una vara de tierra donde sembrar unas viandas para sus hambrientos hijos y, en cambio, permanecen sin cultivar, en manos de poderosos intereses, cerca de trescientas mil caballer?as de tierras productivas. Si Cuba es un pa?s eminentemente agr?cola, si su poblaci?n es en gran parte campesina, si la ciudad depende del campo, si el campo hizo la independencia, si la grandeza y prosperidad de nuestra naci?n depende de un campesinado saludable y vigoroso que ame y sepa cultivar la tierra, de un Estado que lo proteja y lo oriente, ?c?mo es posible que contin?e este estado de cosas?

Salvo unas cuantas industrias alimenticias, madereras y textiles, Cuba sigue siendo una factor?a productora de materia prima. Se exporta az?car para importar caramelos, se exportan cueros para importar zapatos,. se exporta hierro para importar arados... Todo el mundo est? de acuerdo en que la necesidad de industrializar el pa?s es urgente, que hacen falta industrias qu?micas, que hay que mejorar las cr?as, los cultivos, la t?cnica y elaboraci?n de nuestras industrias alimenticias para que puedan resistir la competencia ruinosa que hacen las industrias europeas de queso, leche condensada, licores y aceites y las de conservas norteamericanas, que necesitamos barcos mercantes, que el turismo podr?a ser una enorme fuente de riquezas; pero los poseedores del capital exigen que los obreros pasen bajo las horcas caudinas, el Estado se cruza de brazos y la industrializaci?n espera por las calendas griegas.

Tan grave o peor es la tragedia de la vivienda. Hay en Cuba doscientos mil boh?os y chozas; cuatrocientas mil familias del campo y de la ciudad viven hacinadas en barracones, cuarter?as y solares sin las m?s elementales condiciones de higiene y salud; dos millones doscientas mil personas de nuestra poblaci?n urbana pagan alquileres que absorben entre un quinto y un tercio de sus ingresos; y dos millones ochocientas mil de nuestra poblaci?n rural y suburbana carecen de luz el?ctrica. Aqu? ocurre lo mismo: si el Estado se propone rebajar los alquileres, los propietarios amenazan con paralizar todas las construcciones; si el Estado se abstiene, construyen mientras pueden percibir un tipo elevado de renta, despu?s no colocan una piedra m?s aunque el resto de la poblaci?n viva a la intemperie. Otro tanto hace el monopolio el?ctrico: extiende las l?neas hasta el punto donde pueda percibir una utilidad satisfactoria, a partir de all? no le importa que las personas vivan en las tinieblas por el resto de sus d?as. El Estado se cruza de brazos y el pueblo sigue sin casas y sin luz.

Nuestro sistema de ense?anza se complementa perfectamente con todo lo anterior: ?Es un campo donde el guajiro no es due?o de la tierra para qu? se quieren escuelas agr?colas? ?En una ciudad donde no hay industrias para qu? se quieren escuelas t?cnicas o industriales? Todo est? dentro de la misma l?gica absurda: no hay ni una cosa ni otra. En cualquier peque?o pa?s de Europa existen m?s de doscientas escuelas t?cnicas y de artes industriales; en Cuba, no pasan de seis y los muchachos salen con sus t?tulos sin tener d?nde emplearse. A las escuelitas p?blicas del campo asisten descalzos, semidesnudos y desnutridos, menos de la mitad de los ni?os en edad escolar y muchas veces el maestro quien tiene que adquirir con su propio sueldo el material necesario. ?Es as? como puede hacerse una patria grande?

De tanta miseria s?lo es posible liberarse con la muerte; y a eso s? los ayuda el Estado: a morir. El noventa por ciento de los ni?os del campo est? devorado por par?sitos que se les filtran desde la tierra por las u?as de los pies descalzos. La sociedad se conmueve ante la noticia del secuestro o el asesinato de una criatura, pero permanece criminalmente indiferente ante el asesinato en masa que se comete con tantos miles y miles de ni?os que mueren todos los a?os por falta de recursos, agonizando entre los estertores del dolor, y cuyos ojos inocentes, ya en ellos el brillo de la muerte, parecen mirar hacia lo infinito como pidiendo perd?n para el ego?smo humano y que no caiga sobre los hombres la maldici?n de Dios. Y cuando un padre de familia trabaja cuatro meses la a?o, ?con qu? puede comprar ropas y medicinas a sus hijos? Crecer?n raqu?ticos, a los treinta a?os no tendr?n una pieza sana en la boca, habr?n o?do diez millones de discursos, y morir?n al fin de miseria y decepci?n. El acceso a los hospitales del Estado, siempre repletos, s?lo es posible mediante la recomendaci?n de un magnate pol?tico que le exigir? al desdichado su voto y el de toda su familia para que Cuba siga siempre igual o peor.

Con tales antecedentes, ?c?mo no explicarse que desde el mes de mayo al de diciembre un mill?n de personas se encuentren sin trabajo y que Cuba, con una poblaci?n de cinco millones y medio de habitantes, tenga actualmente m?s desocupados que Francia e Italia con una poblaci?n de m?s de cuarenta millones cada una?

Cuando vosotros juzg?is a un acusado por robo, se?ores magistrados, no le pregunt?is cu?nto tiempo lleva sin trabajo, cu?ntos hijos tiene, qu? d?as de la semana comi? y qu? d?as no comi?, no os preocup?is en absoluto por las condiciones sociales del medio donde vive: lo envi?is a la c?rcel sin m?s contemplaciones. All? no van los ricos que queman almacenes y tiendas para cobrar las p?lizas de seguro, aunque se quemen tambi?n algunos seres humanos, porque tienen dinero de sobra para pagar abogados y sobornar magistrados. Envi?is a la c?rcel al infeliz que roba por hambre, pero ninguno de los cientos de ladrones que han robado millones al Estado durmi? nunca una noche tras las rejas: cen?is con ellos a fin de a?o en alg?n lugar aristocr?tico y tienen vuestro respeto. En Cuba, cuando un funcionario se hace millonario de la noche a la ma?ana y entra en la cofrad?a de los ricos, puede ser recibido con las mismas palabras de aquel opulento personaje de Balzac, Taillefer, cuando brind? por el joven que acababa de heredar una inmensa fortuna: "?Se?ores, bebamos al poder del oro! El se?or Valent?n, seis veces millonario, actualmente acaba de ascender al trono. Es rey, lo puede todo, est? por encima de todo, como sucede a todos los ricos. En lo sucesivo la igualdad ante la ley, consignada al frente de la Constituci?n, ser? un mito para ?l, no estar? sometido a las leyes, sino que las leyes se le someter?. Para los millonarios no existen tribunales ni sanciones."

El porvenir de la naci?n y la soluci?n de sus problemas no pueden seguir dependiendo del inter?s ego?sta de una docena de financieros, de los fr?os c?lculos sobre ganancias que tracen en sus despachos de aire acondicionado diez o doce magnates. El pa?s no puede seguir de rodillas implorando los milagros de unos cuantos becerros de oro que, como aqu?l del Antiguo Testamento que derrib? la ira del profeta, no hacen milagros de ninguna clase. Los problemas de la Rep?blica s?lo tienen soluci?n si nos dedicamos a luchar por ella con la misma energ?a, honradez y patriotismo que invirtieron nuestros libertadores en crearla. Y no es con estadistas al estilo de Carlos Saladrigas, cuyo estadismo consiste en dejarlo todo tal cual est? y pasarse la vida farfullando sandeces sobre la "libertad absoluta de empresa", "garant?as al capital de inversi?n" y la "ley de la oferta y la demanda", como habr?n de resolverse tales problemas. En un palacete de la Quinta Avenida, estos ministros pueden charlar alegremente hasta que no quede ya ni el polvo de los huesos de los que hoy reclaman soluciones urgentes. Y en el mundo actual ning?n problema social se resuelve por generaci?n espont?nea.

Un gobierno revolucionario con el respaldo del pueblo y el respeto de la naci?n despu?s de limpiar las instituciones de funcionarios venales y corrompidos, proceder?a inmediatamente a industrializar el pa?s, movilizando todo el capital inactivo que pasa actualmente de mil quinientos millones a trav?s del Banco Nacional y el Banco de Fomento Agr?cola e Industrial y sometiendo la magna tarea al estudio, direcci?n, planificaci?n y realizaci?n por t?cnicos y hombres de absoluta competencia, ajenos por completo a los manejos de la pol?tica.

Un gobierno revolucionario, despu?s de asentar sobre sus parcelas con car?cter de due?os a los cien mil agricultores peque?os que hoy pagan rentas, proceder?a a concluir definitivamente el problema de la tierra, primero: estableciendo como ordena la Constituci?n un m?ximo de extensi?n para cada tipo de empresa agr?cola y adquiriendo el exceso por v?a de expropiaci?n, reivindicando las tierras usurpadas al Estado, desecando marismas y terrenos pantanosos, plantando enormes viveros y reservando zonas para la repoblaci?n forestal; segundo: repartiendo el resto disponible entre familias campesinas con preferencia a las m?s numerosas, fomentando cooperativas de agricultores para la utilizaci?n com?n de equipos de mucho costo, frigor?ficos y una misma direcci?n profesional t?cnica en el cultivo y la crianza y facilitando, por ?ltimo, recursos, equipos, protecci?n y conocimientos ?tiles al campesinado.

Un gobierno revolucionario resolver?a el problema de la vivienda rebajando resueltamente el cincuenta por ciento de los alquileres, eximiendo de toda contribuci?n a las casas habitadas por sus propios due?os, triplicando los impuestos sobre las casas alquiladas, demoliendo las infernales cuarter?as para levantar en su lugar edificios modernos de muchas plantas y financiando la construcci?n de viviendas en toda la Isla en escala nunca vista, bajo el criterio de que si lo ideal en el campo es que cada familia posea su propia parcela, lo ideal en la ciudad es que cada familia viva en su propia casa o apartamento. Hay piedra suficiente y brazos de sobra para hacerle a cada familia cubana una vivienda decorosa. Pero si seguimos esperando por los milagros del becerro de oro, pasar?n mil a?os y el problema estar? igual. Por otra parte, las posibilidades de llevar corriente el?ctrica hasta el ?ltimo rinc?n de la Isla son hoy mayores que nunca, por cuanto es ya una realidad la aplicaci?n de la energ?a nuclear a esa rama de la industria, lo cual abaratar? enormemente su costo de producci?n.

Con estas tres iniciativas y reformas el problema del desempleo desaparecer?a autom?ticamente y la profilaxis y al lucha contra las enfermedades ser?a tarea mucho m?s f?cil.

Finalmente, un gobierno revolucionario proceder?a a la reforma integral de nuestra ense?anza, poni?ndola a tono con las iniciativas anteriores, para preparar debidamente a las generaciones que est?n llamadas a vivir en una patria m?s feliz. No se olviden las palabras del Ap?stol: "Se est? cometiendo en [...] Am?rica Latina un error grav?simo: en pueblos que viven casi por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente para la vida urbana y no se les prepara para la vida campesina." "El pueblo m?s feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucci?n del pensamiento y en la direcci?n de los sentimientos." "Un pueblo instruido ser? siempre fuerte y libre."

Pero el alma de la ense?anza es el maestro, y a los educadores en Cuba se les paga miserablemente; no hay, sin embargo, ser m?s enamorado de su vocaci?n que el maestro cubano. ?Qui?n no aprendi? sus primeras letras en una escuelita p?blica? Basta ya de estar pagando con limosnas a los hombres y mujeres que tienen en sus manos la misi?n m?s sagrada del mundo de hoy y del ma?ana, que es ense?ar. Ning?n maestro debe ganar menos de doscientos pesos, como ning?n profesor de segunda ense?anza debe ganar menos de trescientos cincuenta, si queremos que se dediquen enteramente a su elevada misi?n, si tener que vivir asediados por toda clase de mezquinas privaciones. Debe conced?rseles adem?s a los maestros que desempe?an su funci?n en el campo, el uso gratuito de los medios de transporte; y a todos, cada cinco a?os por lo menos, un receso en sus tareas de seis meses con sueldo, para que puedan asistir a cursos especiales en el pa?s o en el extranjero, poni?ndose al d?a en los ?ltimos conocimientos pedag?gicos y mejorando constantemente sus programas y sistemas. ?De d?nde sacar el dinero necesario? Cuando no se lo roben, cuando no haya funcionarios venales que se dejen sobornar por las grandes empresas con detrimento del fisco, cuando los inmensos recursos de la naci?n est?n movilizados y se dejen de comprar tanques, bombarderos y ca?ones en este pa?s sin fronteras, s?lo para guerrear contra el pueblo, y se le quiera educar en vez de matar, entonces habr? dinero de sobra.

Cuba podr?a albergar espl?ndidamente una poblaci?n tres veces mayor; no hay raz?n, pues, para que exista miseria entre sus actuales habitantes. Los mercados debieran estar abarrotados de productos; las despensas de las casas debieran estar llenas; todos los brazos podr?an estar produciendo laboriosamente. No, eso no es inconcebible. Lo inconcebible es que haya hombres que se acuesten con hambre mientras quede una pulgada de tierra sin sembrar; lo inconcebible es que haya ni?os que mueran sin asistencia m?dica, lo inconcebible es que el treinta por ciento de nuestros campesinos no sepan firmar, y el noventa y nueve por ciento no sepa de historia de Cuba; lo inconcebible es que la mayor?a de las familias de nuestros campos est?n viviendo en peores condiciones que los indios que encontr? Col?n al descubrir la tierra m?s hermosa que ojos humanos vieron.

A los que me llaman por esto so?ador, les digo como Mart?: "El verdadero hombre no mira de qu? lado se vive mejor, sino de qu? lado est? el deber; y ?se es [...] el ?nico hombre pr?ctico cuyo sue?o de hoy ser? la ley de ma?ana, porque el que haya puesto los ojos en las entra?as universales y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepci?n, est? del lado del deber."

?nicamente inspirados en tan elevados prop?sitos, es posible concebir el hero?smo de los que cayeron en Santiago de Cuba. Los escasos medios materiales con que hubimos de contar, impidieron el ?xito seguro. A los soldados les dijeron que Pr?o nos hab?a dado un mill?n de pesos; quer?an desvirtuar el hecho m?s grave para ellos: que nuestro movimiento no ten?a relaci?n alguna con el pasado, que era una nueva generaci?n cubana con sus propias ideas, la que se ergu?a contra la tiran?a, de j?venes que no ten?an apenas siete a?os cuando Batista comenz? a cometer sus primeros cr?menes en el a?o 34. La mentira del mill?n no pod?a ser m?s absurda: si con menos de veinte mil pesos armamos cientos sesenta y cinco hombres y atacamos un regimiento y un escuadr?n, con un mill?n de pesos hubi?ramos podido armar ocho mil hombres, atacar cincuenta regimientos, cincuenta escuadrones, y Ugalde Carrillo no se habr?a enterado hasta el domingo 26 de julio a las 5_15 de la ma?ana. S?pase que por cada uno que vino a combatir, se quedaron veinte perfectamente entrenados que no vinieron porque no hab?a armas. Esos hombres desfilaron por las calles de La Habana con la manifestaci?n estudiantil en el Centenario de Mart? y llenaban seis cuadras en masa compacta. Doscientos m?s que hubieran podido venir o veinte granadas de mano en nuestro poder, y tal vez le habr?amos ahorrado a este honorable tribunal tantas molestias.

Los pol?ticos se gastan en sus campa?as millones de pesos sobornando conciencias, y un pu?ado de cubanos que quisieron salvar el honor de la patria tuvo que venir a afrontar la muerte con las manos vac?as por falta de recursos. Eso explica que al pa?s lo hayan gobernado hasta ahora, no hombres generosos y abnegados, sino el bajo mundo de la politiquer?a, el hampa de nuestra vida p?blica.

Con mayor orgullo que nunca digo que consecuentes con nuestros principios, ning?n pol?tico de ayer nos vi tocar a sus puertas pidiendo un centavo, que nuestros medios se reunieron con ejemplos de sacrificios que no tienen paralelo, como el de aquel joven, Elpidio Sosa, que vendi? su empleo y se me present? un d?a con trescientos pesos "para la causa"; Fernando Chenard, que vendi? sus aparatos de su estudio fotogr?fico, con el que se ganaba la vida; Pedro Marrero, que empe?? su sueldo de muchos meses y fue preciso prohibirle que vender?a tambi?n los muebles de su casa; Oscar Alcalde, que vendi? su laboratorio de productos farmac?uticos; Jes?s Montan?, que entreg? el dinero que hab?a ahorrado durante m?s de cinco a?os; y as? por el estilo muchos m?s, despoj?ndose cada cual de lo poco que ten?a.

Hace falta tener una fe muy grande en su patria para proceder as?, y estos recuerdos de idealismo me llevaron directamente al m?s amargo cap?tulo de esta defensa: el precio que les hizo pagar la tiran?a por querer librar a Cuba de la opresi?n y la injusticia.

?Cad?veres amados los que un d?a
Ensue?os fuisteis de la patria m?a,
Arrojad, arrojad sobre mi frente
Polvo de vuestros huesos carcomidos!
?Tocad mi coraz?n con vuestras manos!
?Gemid a mis o?dos!
?Cada uno ha de ser de mis gemidos
L?grimas de uno m?s de los tiranos!
?Andad a mi rencor; vagad en tanto
Que mi ser vuestro esp?ritu recibe
Y dadme de las tumbas el espanto,
Que es poco ya para llorar el llanto
Cuando en infame esclavitud se vive!

Multiplicad por diez el crimen del 27 de noviembre de 1871 y tendr?is los cr?menes monstruosos y repugnantes del 26, 27, 28 y 29 de julio de 1953 en Oriente. Los hechos est?n recientes todav?a, pero cuando los a?os pasen y el cielo de la patria se despeje, cuando los ?nimos exaltados se aquieten y el miedo no turbe los esp?ritus, se empezar? a ver en toda su espantosa realidad la magnitud de la masacre, y las generaciones venideras volver?n aterrorizadas los ojos hacia este acto de barbarie sin precedentes en nuestra historia. Pero no quiero que la ira me ciegue, porque necesito toda la claridad de mi mente y la serenidad del coraz?n destrozado para exponer los hechos tal como ocurrieron, con toda sencillez, antes que exagerar el dramatismo, porque siento verg?enza, como cubano, que unos hombres sin entra?as, con sus cr?menes incalificables, hayan deshonrado nuestra patria ante el mundo.

No fue nunca el tirano Batista un hombre de escr?pulos que vacilara antes de decir al pueblo la m?s fant?stica mentira. Cuando quiso justificar el traidor cuartelazo del 10 de marzo, invent? un supuesto golpe militar que habr?a de ocurrir en el mes de abril y que "?l quiso evitar para que no fuera sumida en sangre la rep?blica", historieta rid?cula que no crey? nadie; y cuando quiso sumir en sangre la rep?blica y ahogar en el terror, la tortura y el crimen la justa rebeld?a de una juventud que no quiso ser esclava suya, invent? entonces mentiras m?s fant?sticas todav?a. ?Qu? poco respeto se le tiene a un pueblo, cuando se le trata de enga?ar tan miserablemente! El mismo d?a que fui detenido, yo asum? p?blicamente la responsabilidad del movimiento armado del 26 de julio, y si una sola de las cosas que dijo el dictador contra nuestros combatientes en su discurso del 27 de julio hubiese sido cierta, bastar?a para haberme quitado la fuerza moral en el proceso. Sin embargo, ?por qu? no se me llev? al juicio? ?Por qu? falsificaron certificados m?dicos? ?Por qu? se violaron todas las leyes del procedimiento y se descartaron escandalosamente todas las ?rdenes del tribunal? ?Por qu? se hicieron cosas nunca vistas en ning?n proceso p?blico a fin de evitar a toda costa mi comparecencia? Yo en cambio hice lo indecible por estar presente, reclamando del tribunal que se me llevase al juicio en cumplimiento estricto de las leyes, denunciando las maniobras estricto de las leyes, denunciando para impedirlo; quer?a discutir con ellos frente a frente y cara a cara. Ellos no quisieron: ?Qui?n tem?a la verdad y qui?n no la tem?a?

Las cosas que afirm? el dictador desde el pol?gono del campamento de Columbia, ser?an dignas de risa si no estuviesen tan empapadas de sangre. Dijo que los atacantes eran un grupo de mercenarios entre los cuales hab?a numerosos extranjeros; dijo que la parte principal del plan era un atentado contra ?l ??l, siempre ?l?, como si los hombres que atacaron el baluarte del Moncada no hubieran podido matarlo a ?l y a veinte como ?l, de haber estado conformes con semejantes m?todos; dijo que el ataque hab?a sido fraguado por el ex presidente Pr?o y con dinero suyo, y se ha comprobado ya hasta la saciedad la ausencia absoluta de toda relaci?n entre este movimiento y el r?gimen pasado; dijo que est?bamos armados de ametralladoras y granadas de mano, y aqu? los t?cnicos del Ej?rcito han declarado que s?lo ten?amos una ametralladora degollado a la posta, y ah? han aparecido en el sumario los certificados de defunci?n y los certificados m?dicos correspondientes a todos los soldados muertos o heridos, de donde resulta que ninguno presentaba lesiones de arma blanca. Pero sobre todo, lo m?s importante, dijo que hab?amos acuchillado a los enfermos del Hospital Militar, y los m?dicos de ese mismo hospital, ?nada menos que los m?dicos del Ej?rcito!, han declarado en el juicio que ese edificio nunca estuvo ocupado por nosotros, que ning?n enfermo fue muerto o herido y que s?lo hubo all? una baja, correspondiente a un empleado sanitario que se asom? imprudentemente por una ventana.

Cuando un jefe de Estado o quien pretende serlo hace declaraciones al pa?s, no habla por hablar: alberga siempre alg?n prop?sito, persigue siempre un efecto, lo anima siempre una intenci?n. Si ya nosotros hab?amos sido militarmente vencidos, si ya no signific?bamos un peligro real para la dictadura, ?por qu? se nos calumniaba de ese modo? Si no est? claro que era un discurso sangriento, si no es evidente que se pretend?a justificar los cr?menes que se estaban cometiendo desde la noche anterior y que se ir?an a cometer despu?s, que hablen por m? los n?meros: el 27 de julio, en su discurso desde el pol?gono militar, Batista dijo que los atacantes hab?amos tenido treinta y dos muertos; al finalizar la semana los muertos ascend?an a m?s de ochenta. ?En qu? batallas, en qu? lugares, en qu? combates murieron esos j?venes? Antes de hablar Batista se hab?an asesinado m?s de veinticinco prisioneros; despu?s que habl? Batista se asesinaron cincuenta.

?Qu? sentido del honor tan grande el de esos militares modestos, t?cnicos y profesionales del Ej?rcito, que al comparecer ante el tribunal no desfiguraron los hechos y emitieron sus informes ajust?ndose a la estricta verdad! ??sos s? son militares que honran el uniforme, ?sos s? son hombres! Ni el militar verdadero ni el verdadero hombre es capaz fe manchar su vida con la mentira o el crimen. Yo s? que est?n terriblemente indignados con los b?rbaros asesinatos que se cometieron, yo s? que sienten con repugnancia y verg?enza el olor a sangre homicida que impregna hasta la ?ltima piedra del cuartel Moncada.

Emplazo al dictador a que repita ahora, si puede, sus ruines calumnias por encima del testimonio de esos honorables militares, lo emplazo a que justifique ante el pueblo de Cuba su discurso del 27 de julio, ?que no se calle, que hable!, que digan qui?nes son los asesinos, los despiadados, los inhumanos, que diga si la Cruz de Honor que fue a ponerles en el pecho a los h?roes de la masacre era para premiar los cr?menes repugnantes que se cometieron; que asuma desde ahora la responsabilidad ante la historia y no pretenda decir despu?s que fueron los soldados sin ?rdenes suyas, que explique a la naci?n los setenta asesinatos; ?fue mucha la sangre! La naci?n necesita una explicaci?n, la naci?n lo demanda, la naci?n lo exige.

Se sab?a que en 1933, al finalizar el combate del hotel Nacional, algunos oficiales fueron asesinados despu?s de rendirse, lo cual motiv? una en?rgica protesta de la revista Bohemia; se sab?a tambi?n que despu?s de capitulado el fuerte de Atar?s las ametralladoras de los sitiadores barrieron una fila de prisioneros y que un soldado, preguntando qui?n era Blas Hern?ndez, lo asesin? dispar?ndole un tiro en pleno rostro, soldado que en premio de su cobarde acci?n fue ascendido a oficial. Era conocido que el asesinato de prisioneros est? fatalmente unido en la historia de Cuba al nombre de Batista. ?Torpe ingenuidad nuestra que no lo comprendimos claramente! Sin embargo, en aquellas ocasiones los hechos ocurrieron en cuesti?n de minutos, no m?s que lo de una r?faga de ametralladoras cuando los ?nimos estaban todav?a exaltados, aunque nunca tendr? justificaci?n semejante proceder.

No fue as? en Santiago de Cuba. Aqu? todas las formas de crueldad, ensa?amiento y barbarie fueron sobrepasadas. No se mat? durante un minuto, una hora o un d?a entero, sino que en una semana completa, los golpes, las torturas, los lanzamientos de azotea y los disparos no cesaron un instante como instrumentos de exterminio manejados por artesanos perfectos del crimen. El cuartel Moncada se convirti? en un taller de tortura y de muerte, y unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros. Los muros se salpicaron de sangre; en las paredes las balas quedaron incrustadas con fragmentos de piel, sesos y cabellos humanos, chamusqueados por los disparos a boca de jarro, y el c?sped se cubri? de oscura y pegajosa sangre. Las manos criminales que rigen los destinos de Cuba hab?an escrito para los prisioneros a la entrada de aquel antro de muerte, la inscripci?n del infierno: "Dejad toda esperanza."

No cubrieron ni siquiera las apariencias, no se preocuparon lo m?s m?nimo por disimular lo que estaban haciendo: cre?an haber enga?ado al pueblo con sus mentiras y ellos mismos terminaron enga??ndose. Se sintieron amos y se?ores del universo, due?os absolutos de la vida y la muerte humana. As?, el susto de la madrugada lo disiparon en un fest?n de cad?veres, en una verdadera borrachera de sangre.

Las cr?nicas de nuestra historia, que arrancan cuatro siglos y medio atr?s, nos cuentan muchos hechos de crueldad, desde las matanzas de indios indefensos, las atrocidades de los piratas que asolaban las costas, las barbaridades de los guerrilleros en la lucha de la independencia, los fusilamientos de prisioneros cubanos por el ej?rcito de Weyler, los horrores del machadato, hasta los cr?menes de marzo del 35; pero con ninguno se escribi? una p?gina sangrienta tan triste y sombr?a, por el n?mero de v?ctimas y por la crueldad de sus victimarios, como en Santiago de Cuba. S?lo un hombre en todos esos siglos ha manchado de sangre dos ?pocas distintas de nuestra existencia hist?rica y ha clavado sus garras en la carne de dos generaciones de cubanos. Y para derramar este r?o de sangre sin precedentes esper? que estuvi?semos en el Centenario del Ap?stol y acabada de cumplir cincuenta a?os la rep?blica que tantas vidas cost? para la libertad, porque pesa sobre un hombre que hab?a gobernado ya como amo durante once largos a?os este pueblo que por tradici?n y sentimiento ama la libertad y repudie el crimen con toda su alma, un hombre que no ha sido, adem?s, ni leal, ni sincero, ni honrado, ni caballero un solo minuto de su vida p?blica.

No fue suficiente la traici?n de enero de 1934, los cr?menes de marzo de 1935, y los cuarenta millones de fortuna que coronaron la primera etapa; era necesaria la traici?n de marzo de 1952, los cr?menes de julio de 1953 y los millones que s?lo el tiempo dir?. Dante dividi? su infierno en nueve c?rculos: puso en el s?ptimo a los criminales, puso en el octavo a los ladrones y puso en el noveno a los traidores. ?Duro dilema el que tendr?an los demonios para buscar un sitio adecuado al alma de este hombre... si este hombre tuviera alma! Quien alent? los hechos atroces de Santiago de Cuba, no tiene entra?as siquiera.

Conozco muchos detalles de la forma en que se realizaron esos cr?menes por boca de algunos militares que,. llenos de verg?enza, me refirieron las escenas de que hab?an sido testigos.

Terminado el combate se lanzaron como fieras enfurecidas sobre la ciudad de Santiago de Cuba y contra la poblaci?n indefensa saciaron las primeras iras. En plena calle y muy lejos del lugar donde fue la lucha le atravesaron el pecho de un balazo a un ni?o inocente que jugaba junto a la puerta de su casa, y cuando el padre se acerc? para recogerlo, le atravesaron la frente con oro balazo. Al "Ni?o" Cala, que iba para su casa con un cartucho de pan en las manos, lo balacearon sin mediar palabra. Ser?a interminable referir los cr?menes y atropellos que se cometieron contra la poblaci?n civil. Y si de esta forma actuaron con los que no hab?an participado en la acci?n, ya puede suponerse la horrible suerte que corrieron los prisioneros participantes o que ellos cre?an que hab?an participado: porque as? como en esta causa involucraron a muchas personas ajenas por completo a los hechos, as? tambi?n mataron a muchos de los prisioneros detenidos que no ten?an nada que ver con el ataque; ?stos no est?n incluidos en las cifras de v?ctimas que han dado, las cuales se refieren exclusivamente a los hombres nuestros. Alg?n d?a se sabr? el n?mero total de inmolados.

LA TERCERA Y ULTIMA PARTE
Realizado por Mal_fica @ 18:11  | Otros
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