Mensaje dicho por la periodista Alejandra Casablanca en AM LIBRE.
La Navidad es la celebración de la familia. Se crea o
no en la historia del pesebre pobre, del exilio obligatorio de María y José para evitar la muerte del niño, del arrope de los excluidos de la época y del significado del bebé de Belén, culturalmente es la reunión de la familia.
Debo admitirlo, la religión ha hecho estragos en mi formación: para algunos estragos maravillosos, para otros patéticos.
Al tener que salir del país y recalar en Buenos Aires,
la gente de mi generación la que nació, fue a la escuela y creció en la dictadura- tenía en la otra orilla la participación social y colectiva dónde podía, y en un país católico -mis padres, defensores de la igualdad y laicidad oriental, que me habían bautizado a pedido de los abuelos y nunca habían osado
hablarme de sotanas ni de hostias, más allá de contarme la historia del algún cura republicano que había ayudado a mi
bisabuelo allá por el 37, o de un barbudo nicaragüense que además de cura era poeta y guerrillero- se tuvieron que comer mi planteo de ir a una parroquia, donde se armaban campamentos y trabajos sociales con curas que nos llevaban a jugar con chicos de la villa.
Claro, de esas dos parroquias a las que fui: La Piedad
y San Ignacio, salieron varios de los curas y dirigentes que
siguiendo la postura de Monseñor Angelelli y el padre Carlos Mujica, fueron desaparecidos, torturados y otros que todavía hoy son castigados por la Catedral Metropolitana porteña y enviados a lugares recónditos, olvidados del mundo: pero testarudos, son felices armando fogones en pedacitos inexistentes para muchas estadísticas y encuestas en la Argentina y en la región.
Y también de allí salieron esos dos o tres amigos que están
siempre, sobre todo cuando los necesitas y no los llamas.
Después volví a Montevideo y mi relación con la
Iglesia cambió, pero en el fondo, lo que me habían enseñado esos seguidores del cura Mujica, las imágenes de los pesebres vivientes armados con los niños de los conventillos de San Telmo, ahí, en la escalinata del Colegio Nacional Buenos Aires y la
historia que yo misma me cree de un personaje que para algunos es el hijo de Dios y para otros un revolucionario de otro tiempo, se
quedó en mí. Digamos que no voy a Misa, pero creo.
Ahora mi familia se achicó.
Se fueron algunos, mi
hermana armó su propia familia en Buenos Aires, y esta tarde, cuando mi madre me llamaba para contarme qué iba a cocinar para llevar a la casa de unos amigos con quienes pasaremos esa fiesta de la familia y me decía que yo comprara el helado, me puse a pensar ¿Cómo será la Navidad de mucha gente en este país?
¿Cómo será la Navidad de quiénes saben dónde están los
desaparecidos y a pesar la tozuda y valiente búsqueda de los familiares, de la fuerza de esos huesos en los predios militares contra todo su ocultamiento, siguen sin decir la verdad?
¿Cómo será la Navidad de Gavazzo paseando el perro a
pocas cuadras de casa, o la de Cordero en Brasil? ¿Irá a misa Bordaberry mientras su hijo habla de ayudar al gobierno y tiene el tupé de dar línea sobre cómo debe ser la política sobre la búsqueda de los desaparecidos?
Y si va a misa ¿Irá para pedir perdón o para rogarle a Dios que la Ley de Caducidad quede como está y la justicia siga considerando causa a causa, cosa juzgada?
¿Cómo será la Navidad de quienes hablan hoy de reconciliación, de cerrar las heridas, de perdones conjuntos, de dar vuelta la
página, pero no nos permiten conocer la historia verdadera sobre esas heridas ni los contenidos de esas páginas que quieren dar vuelta? Y si van a misa ¿Lo harán de uniforme o prefirirán el traje? ¿Irán para pedir perdón porque los uruguayos no entendemos que debe decirse apremios ilegales cuando se habla de tortura
o le pedirán a Dios memoria para recordar a quiénes llevaba en aquel vuelo?
¿Cómo será la Navidad de Javier o Luisa? ¿Y la de Macarena o Valentina, esperando resultados de ADN que les permitan abrazar
unos huesitos tan esperados?
¿Cómo será la Navidad de aquellos que mientras nos pedían el voto hace apenas poco más de un año, hablaban del cumplimiento de la ley de caducidad, revindicaban su voto verde como jóvenes rebeldes blancos y hoy no están de acuerdo ni con el tibio proyecto interpretativo de sus compañeros nacionalistas? Y si van a Misa, ¿le pedirán a Dios que no los haga votar sobre el tema o ya estarán adelantando la prendida de vela para ser candidatos en el 2009?
¿Cómo será la Navidad de aquellos que se sienten hacedores de la
reconciliación nacional pero que nunca hicieron nada o que hicieron todo para que la verdad quedara bien tapada? Irán a Misa.
Algunos seguro que sí ¿Le pedirán a Dios que la gente se acuerde del Pacto del Club Naval y se deje de joder con cosas que pasaron hace 30 años?
Y los que seguro no van a Misa, en la conversación en la cena familiar y en los deseos para el próximo año ¿qué dirán? ¿Qué los
uruguayos no tenemos el mismo nivel intelectual y que no entendemos que no existía antes la información que desde hace un tiempo se impone sobre los hechos? ¿O preferirán temas menos desagradables y discutirán sobre el problema que sufre hoy Peñarol, la insistencia de los jóvenes de más de 50 años que
insisten con renovar el partido o la falta de rigor histórico de la gente que no entiende que hay que cambiar la fecha patria
nacional y tampoco entiende que los dólares que llegan de Venezuela no valen lo mismo que los que llegan de Estados Unidos?
¿Cómo será la Navidad de los que se enteran antes de que comiencen los motines y los piquetes. ¿Irán a Misa con el celular
prendido por las dudas? ¿Habrán dejado guardados en la agenda del celular los teléfonos de los periodistas de la tele? ¿Y si justo no están de guardia y a esos periodistas les toca pasar con su familia y deciden apagar el teléfono?. ¿Le pedirán a Dios por esos chicos del INAU, para que dejen el porro, la pasta base y el
afane o preferirán hacerle un pedidito menor y rezarán para que los motines no caigan justo en nochebuena?
¿Cómo será la Navidad de los que están preocupados por la reincidencia de 10 de los seiscientos y pico de liberados por esta nueva ley de cáceles?. ¿Irán a Misa? ¿Dejarán su casa vacía por ese rato? ¿Y si justo se les da por reincidir en ese momento? ¿Le pedirán a Dios por esa gente hacinada en los penales o llamarán al Jefe de Policía para que mande un patrullero cerquita
de la casa porque hay un negrito con pinta de punga y ahora no se sabe?
¿Cómo será la Navidad de los que saben de Educación, que para eso han hecho tanto por la nuestra, tan mítica como la selección de
fútbol celeste del 50?
¿Irán a Misa o mejor no por las dudas que los vean y
encima piensen que están en contra de la laicidad?. Y si van ¿Le pedirán a Dios para lograr que los maestros lleguen a diez mil pesos de salarios o preferirán pedirle que no los desampare y les permita seguir pagándoles el colegio privado a sus
chicos?
¿Cómo será la Navidad de los que además de dirigirnos
como país tienen su negocito?. ¿Irán a Misa?. Y si van ¿Le pedirán a Dios una Ley aparte que controle la ley de fueros sindicales? Después de todo, Dios creo el mundo, y
la sociedad y para eso se necesitan dueños y laburantes.
¿Cómo será la Navidad de aquellos que negaron que había niños con hambre en Uruguay, qué afirmaron que los periodistas que habían
informado que nenes uruguayos comían pasto o se morían desnutridos sólo querían perjudicar al gobierno y no estudiaban las estadísticas que mostraban que Uruguay era otro
país? ¿Irán a Misa? Y si van ¿Le pedirán a Dios que no financien más estudios de UNICEF que sostienen que desde el año 1999
al 2004 los niños pobres son el 80% más (380 mil en un país de poco más de 3 millones) y que los aún más pobres, los indigentes se multiplicaron por tres? ¿Saldrán de Misa y le darán unas moneditas a los niños en la puerta? ¿Les dirán a sus hijos no le pidas más a Papa Noel que hay muchos niños que no reciben ningún regalo ni se van de vacaciones?
¿Cómo será la Navidad de los que destruyen comida porque es de contrabando?
¿Se les ocurrirá regalársela a los que no comen en Navidad?
¿Cómo será la Navidad de los que no quieren ningún cambio en la salud?
¿Pagarán en las mutualistas o los atenderán en alguna sala VIP de algún
amigo con poder mutual? ¿Sabrán lo que sale un ticket? ¿Se atenderán alguna vez en el Clínicas, o el Maciel?
Y los que cuestionan las políticas de salud sexual del
Pereira Rossell (esos médicos aborteros) ¿Irán a Misa? Y si van ¿Le pedirán a Dios perdón por el aborto pagado en la cara clínica clandestina que todos conocemos pero que las autoridades no cierran porque no saben dónde está o le pedirán paciencia
para las adolescentes embarazadas de los cantegriles, que después de todo están haciendo Patria poblando un país de viejos?
¿Cómo será la Navidad de los que necesitan unanimidades y no unidades?
¿Cómo será este año la Navidad de la Iglesia? ¿Cuáles serán sus pedidos de perdón? ¿Se acordarán del padre Monzón y lo dejarán
volver a celebrar Misa o preferirán agradecer que en este país tan laico no hay investigaciones como en Brasil, Argentina, España o Estados Unidos sobre curas poco castos, pederastas o casquivanos?
No sé cómo será la Navidad de todos ellos. Pero, por aquello del comienzo, de los estragos que la religión hizo en mí, me quedó
con algunas respuestas que hacen mejor mi Navidad.
Seguro que la Navidad será distinta este año en Las
Láminas, después de todo, como dijo la dra Curbelo, bajó un poquito la mortalidad infantil y la desnutrición y la colaboración de uruguayos fuera y dentro del país permitió
armar la policlínica y algunos proyectos de trabajo
para la gente.
Seguro que la Navidad será distinta para Sara, que la pasará con Simón.
Seguro que la Navidad será distinta para la uruguaya Celia Martínez, que salió sorteada en el Plan de Emergencia para el
trabajo y construyó veredas y no le tuvieron que dar ningún dinero gratis.
Seguro que la Navidad será distinta para los obreros de Funsa y Cristalerías.
Seguro que la Navidad será distinta para el oyente Juan Estevez, que logró un aumento salarial después de tres años y en seis
meses le dan otro, poquito pero otro.
Seguro que la Navidad será distinta para muchos, que siempre fueron los otros cuando hablábamos de prioridades para el
Uruguay y a su manera celebraran la fiesta de la familia.