Gonzalo González integró uno de los equipos de emergencia que intentaron sin éxito rescatar a los 65 hombres que quedaron atrapados en la mina Pasta de Conchos, en el estado mexicano de Coahuila.
De sus 49 años, González ha trabajado 30 en minas de carbón y vive en Palau, a 15 kilómetros de la mina siniestrada en México, en la que labora desde hace tres años.
Una explosión en la mina el pasado 19 de febrero elevó la temperatura a más de 600ºC y disparó metano y dióxido de carbono que se tragó todo el oxígeno, provocando una serie de derrumbes en su interior.
Las esperanzas de que los hombres que estaban dentro de la mina salieran con vida se esfumaron este sábado cuando la compañía propietaria, Grupo México Industrial Minero, afirmó que ninguno sobrevivió a la explosión.
González conversó con la enviada especial de BBC Mundo a Coahuila sobre las condiciones de inseguridad existentes en la mina Pasta de Conchos.
Entrevista
Tú que conoces bien la mina, ¿cuáles son los equipos básicos que faltan allí y que de haberlos tenido quizá se hubiera podido evitar este trágico accidente o al menos, minimizar su impacto?
Le faltan hidrantes, le faltan extinguidores, le faltan barreras de polvo inerte, le falta polvear con polvo inerte todo lo que es la galería y el avance de las máquinas. Por eso fue que la explosión que ocurrió hizo una reacción en cadena. Faltan monitores, registradores de gas metano y falta un laboratorio para hacer un muestreo constante de las paredes de la mina, por lo menos cada 50 metros para determinar la combustión que se puede estar formando. También hay que llevar una bitácora, que en este caso, no se llevaba nada. No había un control.
Si los trabajadores ven este tipo de fallas, ¿por qué no las denuncian? ¿Tú denunciaste esto alguna vez?
No lo denuncié porque me encontré con que los otros trabajadores son muy delicados cuando se trata de este tipo de cosas. Yo trabajo para una contratista que presta servicios a la mina Pasta de Conchos, y lo que pasa es que si uno habla de más, entonces uno quema a su patrón y eso nos puede costar el contrato. Por eso muchas veces no hablamos, tenemos cuidado de no hablar de las condiciones en las que estaba la mina. Callamos, los mineros somos callados, y lo hacemos a riesgo de nuestras propias vidas.
Pero en este caso, el callarse salió caro.
Pues sí, el costo de 65 personas que aún están allí abajo y que no los hemos podido sacar.
Tú participaste en las labores de rescate hasta que la empresa decidió suspenderlas por razones de seguridad para ustedes, ¿ha sido frustrante no poder sacar a tus compañeros de la mina?
Si, yo me siento con coraje, con impotencia, porque no puede uno lograr lo que uno quiere, sacar a los compañeros mineros. Yo fui instructor de una cuadrilla de rescate por 10 años, y capitán de cuadrilla durante cinco años. Me ha tocado vivir las explosiones en los pozos, las inundaciones, que es otro riesgo que hay en las minas.
¿Tu dirías que de todos los accidentes que has visto, éste es el peor?
Si, éste es uno de los más graves. Es una explosión de gran magnitud. En la región no se ha había registrado una como ésta. No podemos avanzar. Cada 50 metros hay un derrumbe. El golpe estuvo muy fuerte.
¿Cómo han sido todos estos años de tu vida como minero?
Aquí en la región es normal para todos, porque de esto vivimos. Casi todos nos dedicamos a la industria del carbón, somos mineros de abolengo. Yo soy hijo de minero. Por herencia soy minero. Tenemos ya cerca de 100 años de ser mineros en esta región.
Entiendo que es un oficio que tiene muchos riesgos, algunos de ellos naturales, que no se pueden controlar.
Si, el primer riesgo que hay son las concentraciones de gas metano. Otros son los riesgos que están escondidos, como las bolsas de gas, que son vacíos que se forman dentro del manto de carbón, y que pueden agarrar una fuerza por sí mismos y explotar. Eso se forma por miles de años y no se ve.
¿Existen otros riesgos sobre los que sí se puede hacer algo para controlarlos?
Por ejemplo en el equipo eléctrico que se utiliza dentro de la mina, los dispositivos de seguridad, lo que nosotros llamamos el vigilón o los interruptores. En la maquinaria hay monitores que miden la concentración de gas metano, y en caso de que esté alto, interrumpen la energía eléctrica para evitar explosiones. En ocasiones fallan o fallamos los propios trabajadores, porque buscamos maneras de avanzar a pesar de las advertencias, para alcanzar un incentivo más de dinero. Esos son actos inseguros de los mismos mineros.
¿Y cuál es la responsabilidad de las empresas en cuanto a la seguridad que debe garantizar a sus trabajadores?
Pues en ocasiones también falla la ingeniería, por ahorrar altos costos en comprar dispositivos de seguridad, simplemente no los compran. Creen que con un solo dispositivo que trae la máquina, que con eso van a poder cubrir el riesgo total de la mina. Se necesitan más aparatos para estar monitoreando diferentes puntos estratégicos de la mina y se necesita personal capacitado.
Extraido de Bbc.com