El activista guaraní por los DDHH testificará hoy ante la jueza Graciela Gatti
El abogado paraguayo Martín Almada dijo a LA REPUBLICA que trae pruebas que "acorralarán" al dictador Bordaberry
La republica
"Yo traigo las pruebas que comprometen a los gobiernos militares de la época, traigo pruebas que los tienen acorralados a todos, incluido a Bordaberry", dijo a LA REPUBLICA el abogado paraguayo experto en materia de Derechos Humanos Martín Almada, quien hoy a las nueve de la mañana testificará en el juicio contra el ex dictador Juan María Bordaberry, en la causa por "Atentado a la Constitución".
Ayer por la tarde, en el marco del Día Internacional de los Derechos Humanos, Almada junto al abogado uruguayo Walter De León, visitó, al igual que otros muchos compatriotas, el Memorial de los Detenidos Desaparecidos, ubicado en la zona del Cerro.
Minutos antes de que se iniciara el acto que contaría entre otros con la presencia del cantautor Daniel Viglietti, el profesional paraguayo, que hoy declarará como testigo ante la jueza Penal de 7º Turno, doctora Graciela Gatti, en calidad de investigador en todo a lo que el Plan Cóndor se refiere, dialogó con LA REPUBLICA.
-¿Qué sensación tiene al encontrarse hoy en este día especial en el Memorial de los Detenidos Desaparecidos?
-Este es el espejo de la guerra fría, esto es como dijo Eduardo Galeano, las venas abiertas de América Latina, están aquí, es el espejo del operativo Cóndor. Siento mucha emoción de venir a participar con ustedes los uruguayos en este día tan especial.
-¿Cuál va a ser su participación mañana cuando comparezca ante la jueza Graciela Gatti?
-Yo traigo las pruebas que comprometen a los gobiernos militares de la época, traigo las pruebas que los tienen acorralados a todos, incluido a Bordaberry.
Mañana presento todas las pruebas, y sobre todo el acta fundacional del Plan Cóndor, donde Bordaberry hizo firmar eso por intermedio de un representante suyo.
Porque fue bajo su gobierno que se firmó el tratado secreto del pacto criminal Cóndor.
-¿Qué sensación le da saber que Bordaberry, su canciller y otros militares están presos?
-El caso del Uruguay es un caso paradigmático, porque parecía gente intocable y por fortuna finalmente la Justicia uruguaya da lugar al procesamiento de este señor. Me parece que esto es muy bueno para la salud de la democracia de América Latina. Este asunto de la Ley de Caducidad se tiene que superar, esto no puede ser porque es contrario los principios de los acuerdos internacionales que Uruguay tiene con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, esto es inadmisible, es insostenible.
-¿Usted aspira a que esto también ocurra en otros países de América, que los dictadores sean enjuiciados y encarcelados?
-Es lógico, pero en muchos lados lastimosamente quienes cometieron los crímenes ya han muerto sin haber sido juzgados, en Argentina aún queda Videla. Yo pienso que Brasil es el lugar más difícil de comprobar estos hechos, creo que en Brasil y en Chile siguen mandando los militares. Brasil tiene mucho que ver con el Plan Cóndor. En un documento que yo voy a entregar mañana, aparece una carta en que Contreras le pide a Pinochet más plata para mandar gente a capacitarse en técnicas de tortura en Manaos. Brasil fue un centro muy importante en la época del Plan Cóndor y sigue la misma estructura militar. Pinochet murió impune. Es una farsa, una hipocresía la justicia chilena, le tomaron declaración en la casa, cuando a nosotros a patadas nos tenían. Estuve tres años preso, mataron a mi esposa, confiscaron mis bienes, me echaron del país 15 años y ahora los jueces respetuosamente van a tomarle declaración en la casa.
-¿Cómo desentrañó los archivos del Plan Cóndor?
-Yo descubrí el Cóndor, desde sus propias entrañas. El Cóndor se fundó en noviembre de 1975, y yo me enteré de su existencia en abril del mismo año. Estando en la cárcel, esposado y engrillado, me enteré de su existencia. Porque yo fui llevado ante un tribunal militar integrado por agregados militares de Argentina, Chile, Brasil, Uruguay y Paraguay. Eran militares elegantemente vestidos, todos con anteojos negros, parecía que iban a una fiesta de gala, la mayoría con sus condecoraciones. A mí me interrogaron especialmente un chileno y un argentino, que querían saber mis vínculos con militantes de esos países y yo no tenía vínculos con nadie. Me tuvieron 30 días en una cama de tortura y al final me pusieron el rótulo de terrorista intelectual, por una tesis que escribí y por un libro que leí.