Mi?rcoles, 22 de agosto de 2007
A pesar de volver a tener Adsl, nunca me volvi de nuevo a motivar a seguir con el blog, pero mientras me fisuraba (como habitualmente los ultimos tiempos) con Isaac Asimov se me ocurrio publicar dos cuentos de el con una trasfondo similar (aunque ni tanto).
Los cuentos son "Intuicion femenina" y "Mi hijo el doctor"


Intuici?n femenina

Comentario de Asimov
Mis robots son casi siempre masculinos, aunque no necesariamente en un sentido verdadero del g?nero. Al fin y al cabo, les doy nombres masculinos y me refiero a ellos como ??l?. A sugerencia de una editora, Judy-Lynn del Rey, escrib? Intuici?n Femenina, que se public? en el n?mero de octubre de 1969 de IF Magazine of Fantasy and Science Fiction. Por una parte, mostraba que yo pod?a hacer un robot femenino, Segu?a siendo de metal. pero ten?a un talle m?s estrecho que mis robots de costumbre as? como tambi?n una voz femenina, Posteriormente, en mi libro Robots e Imperio, hab?a un cap?tulo donde hac?a su aparici?n un robot femenino humanoide. Hac?a un papel de malvada, que puede sorprender a aquellos que conocen mi frecuentemente demostrada admiraci?n por la mitad femenina de la Humanidad.


Por primera vez en la historia de ?United States Robots & Mechanical Men Corporation?, hab?a sido destruido accidentalmente un robot en la propia Tierra.
Nadie era culpable. El veh?culo a?reo hab?a sido destruido en medio del aire y un incr?dulo comit? de investigaci?n se preguntaba si se atrever?a a anunciar el hecho de que hab?a sido alcanzado por un meteorito. Ninguna otra cosa pod?a haber sido tan r?pida como para evitar que se activase el mecanismo de desviaci?n: con excepci?n de una explosi?n nuclear, nada pod?a haber causado el da?o, y ello quedaba descartado.
Si se a?ad?a a ello un informe sobre un destello en el cielo nocturno justo antes de que el veh?culo hubiese explotado -y procedente del Observatorio de Flagstaff, no de un aficionado- y la localizaci?n de un enorme y claramente mete?rico trozo de hierro recientemente incrustado en el suelo a una milla del lugar, ?a qu? otra conclusi?n pod?a llegarse?
Sin embargo, nada semejante hab?a sucedido con anterioridad y los c?lculos de las probabilidades en contra arrojaban cifras monstruosas. Pero incluso las improbabilidades m?s colosales pueden suceder a veces.
En las oficinas de ?United States Robots?, los c?mos y los porqu?s eran secundarios. El punto crucial era que hab?a sido destruido un robot.
Ello era lamentable por s? solo.
Todav?a resultaba m?s lamentable el hecho de que JN-5 era, despu?s de cuatro intentos previos, el primer prototipo que hab?a sido probado sobre el terreno.
Resultaba abismalmente lamentable el hecho de que JN-5 era un tipo nuevo de robot, completamente distinto de cualquiera construido hasta el momento.
Y el hecho de que aparentemente JN-5 hubiese realizado algo de incalculable importancia antes de su destrucci?n y que este logro pudiese estar ahora perdido para siempre, dol?a m?s all? de toda expresi?n.
Apenas parec?a digno de menci?n que, junto al robot, hab?a muerto tambi?n el Robopsic?logo Jefe de ?United States Robots?.

Hac?a diez a?os que Clinton Madarian trabajaba en la empresa. Durante cinco de estos a?os, hab?a trabajado sin quejarse bajo la gru?ona supervisi?n de Susan Calvin.
La capacidad de Madarian era bastante evidente y Susan Calvin lo hab?a promocionado calladamente por encima de hombres mayores que ?l. En ning?n caso se habr?a dignado dar explicaciones de ello al Director de Investigaci?n, Peter Bogert. Pero, en realidad, no eran necesarias las explicaciones. O, m?s bien, saltaban a la vista.
En muchos y notorios aspectos, Madarian era el reverso de la medalla de la famosa doctora Calvin. En realidad no era tan gordo como su destacado doble ment?n le hac?a parecer, pero incluso as? su aspecto era imponente, mientras que Susan pod?a pasar casi inadvertida. Su rostro macizo, su mata de brillantes cabellos casta?o rojizo, su piel basta, su voz atronadora, su risa sonora y, sobre todo, su incontrolable confianza en s? mismo y su forma vehemente de proclamar sus logros, hac?a que todos los presentes se sintiesen faltos de espacio.
Cuando finalmente Susan Calvin se jubil? (neg?ndose de antemano a cooperar para una cena testimonial susceptible de organizarse en su honor, y de forma tan terminante que ni siquiera se anunci? su jubilaci?n a los medios de comunicaci?n), Madarian tom? su puesto.
Hac?a exactamente un d?a que estaba en este nuevo puesto cuando puso en marcha el proyecto JN.
?ste supuso la mayor inversi?n de fondos que jam?s hab?a soportado ?United States Robots? para un proyecto, pero para Madar?an era un detalle insignificante que barri? con un genial movimiento de la mano.
? Vale todos y cada uno de los centavos que se inviertan, Peter. Y espero que convenzas a la Junta Directiva de ello.
? Proporci?name razones -dijo Bogert-, mientras se preguntaba si Madarian lo har?a. Susan Calvin jam?s le hab?a dado argumentos para nada.
? Pues claro -dijo sin embargo Madarian, a la vez que se arrellanaba c?modamente en el amplio sill?n del despacho del director.
Bogert lo miraba casi con temor reverencial. Su cabello, negro en otro tiempo, era ahora casi blanco y dentro de aquella d?cada seguir?a a Susan en la jubilaci?n. Ello significar?a el fin del equipo original que hab?a convertido ?United States Robots? en una compa??a de envergadura mundial que rivalizaba con los Gobiernos nacionales en complejidad e importancia. En cierta forma, ni ?l ni quienes se hab?an marchado antes que ?l hab?an sido completamente conscientes de la enorme expansi?n de la empresa.
Pero ahora hab?a una nueva generaci?n. Los nuevos ten?an una relaci?n f?cil con el Coloso. Carec?an de aquel toque de admiraci?n que a ellos les hac?a caminar de puntillas llenos de incredulidad. Por consiguiente avanzaban sin miedo, y ello era positivo.
? Propongo que se empiecen a construir robots sin limitaciones -dijo Madarian.
? ?Sin las Tres Leyes? Ello sin duda...
? No, Peter. ?S?lo se te ocurren estas limitaciones? Demonios, t? colaboraste en el dise?o de los primeros cerebros positr?nicos. ?Debo explicarte, que aparte de las Tres Leyes, no existe un solo circuito en estos cerebros que no est? cuidadosamente dise?ado y fijado? Contamos con robots programados para tareas especificas, dotados de capacidades espec?ficas.
? Y lo que t? propones es...
? Que se dejen abiertos los circuitos en todos los niveles por debajo de las Tres Leyes. No es dif?cil.
? Cierto, no es dif?cil -dijo Bogert, secamente-. Las cosas in?tiles nunca son dif?ciles. Lo dif?cil es fijar los circuitos y conseguir que el robot sea de utilidad.
? ?Por qu? es dif?cil? Fijar los circuitos requiere un gran esfuerzo porque el Principio de Incertidumbre es importante en cuanto a las part?culas de la masa de positrones y es necesario reducir el efecto de incertidumbre. Sin embargo, ?por qu? debe hacerse? Si conseguimos que el Principio se destaque lo suficiente como para que los circuitos se crucen de forma imprevisible...
? Tendremos un robot imprevisible...
? Tendremos un robot creativo -dijo Madarian, con un rastro de impaciencia en la voz-. Peter, si algo tiene el cerebro humano que jam?s ha tenido un cerebro de robot, es ese poco de imprevisibilidad derivado de los efectos de incertidumbre a nivel subat?mico. Admito que este efecto nunca ha sido demostrado de forma experimental dentro del sistema nervioso, pero en principio, sin ello, el cerebro humano no ser? superior al cerebro rob?tico.
? Y t? piensas que si introduces este efecto en el cerebro rob?tico, en principio el cerebro humano no ser? superior al cerebro rob?tico.
? Esto es exactamente lo que creo -dijo Madarian.
Despu?s de esto, estuvieron todav?a discutiendo largo rato.

Era obvio que la Junta Directiva no estaba dispuesta a dejarse convencer f?cilmente.
Scott Robertson, el principal accionista de la compa??a, dijo:
? Ya resulta suficientemente dif?cil controlar la industria de los robots como est?, con la hostilidad p?blica hacia los robots siempre a punto de ponerse de manifiesto abiertamente. Si el p?blico se entera de que los robots ser?n incontrolables... Oh, y no me hablen de las Tres Leyes.
? En ese caso, no la utilicemos -dijo Madar?an-. Digamos que el robot... que el robot es intuitivo.
? Un robot intuitivo -murmur? alguien-. ?Un robot mujer?
Una sonrisa recorri? la mesa de juntas.
Madarian cogi? la ocasi?n al vuelo.
? De acuerdo. Un robot mujer. Por supuesto nuestros robots no tienen sexo, y ?ste tampoco lo tendr?, pero siempre actuamos como si fuesen masculinos. Les ponemos nombres de hombre y nos referimos a ellos en masculino. Ahora bien, ?ste, si tomamos en consideraci?n la naturaleza de la estructura matem?tica del cerebro que yo he propuesto, entrar? dentro del sistema del JN coordinado. El primer robot ser?a JN-1, y yo hab?a dado ya por sentado que se llamar?a John-1... Me temo que ?ste es el nivel de originalidad del experto en robotica medio. ?Pero por qu? demonios no llamarlo Jane-1? Si es inevitable que el p?blico est? enterado de lo que estamos haciendo, estamos construyendo un robot femenino con intuici?n.
Robertson sacudi? la cabeza.
? ?Y eso qu? cambiar?a? Lo que est?s diciendo es que pretendes eliminar la ?ltima barrera que, en principio, hace que el cerebro rob?tico siga siendo inferior al humano. ?C?mo crees t? que reaccionar?a el p?blico ante esto?
? ?Tienes previsto hacerlo p?blico? -dijo Madarian. Reflexion? un poco y a?adi?-: Escucha. Una creencia general entre el p?blico es que las mujeres no son tan inteligentes como los hombres.
Durante un instante una mirada aprensiva apareci? en el rostro de m?s de uno de los hombres sentados a la mesa, que levantaron y bajaron la vista como si Susan Calvin ocupase todav?a su lugar de costumbre.
? Si informamos sobre un robot femenino, no importar? lo que sea -dijo Madarian-. El p?blico dar? autom?ticamente por sentado que es de pocas luces. Si nos limitamos a anunciar al robot como Jane-1, no ser? necesario que a?adamos una sola palabra. Estaremos a salvo.
? De hecho, hay algo m?s que esto -dijo Bogert, despacio-. Madarian y yo hemos repasado cuidadosamente los c?lculos matem?ticos y la serie JN, sea John o Jane, ser?a completamente segura. Serian menos complejos y menos capacitados intelectualmente, en un sentido ortodoxo, que muchas otras series que hemos dise?ado y construido. S?lo existir?a el factor a?adido de, bien, debemos ir acostumbr?ndonos a llamarlo ?intuici?n?.
? ?Qui?n conoce sus efectos? -murmur? Robertson.
? Madarian ha sugerido uno. Como todos sab?is, en principio se ha desarrollado el Salto Espacial. El hombre puede alcanzar lo que podemos llamar efectivamente hipervelocidades m?s all? de la luz y visitar otros sistemas estelares para volver en un per?odo de tiempo insignificante... como m?ximo semanas.
? Esto no es nuevo para nosotros -dijo Robertson-. Podr?a haberse conseguido sin robots.
? Exacto, y ello no nos sirve para nada porque s?lo podemos utilizar el mecanismo hiperveloz de vez en cuando para alguna que otra demostraci?n, en vistas a dar publicidad a ?U.S. Robots?. El Salto Espacial, es arriesgado, consume una cantidad incre?ble de energ?a y por consiguiente es terriblemente caro. Si a pesar de todo fu?semos a utilizarlo, estar?a bien poder informar sobre la existencia de un planeta habitable. Llamadlo necesidad psicol?gica. Si uno invierte alrededor de veinte mil millones de d?lares en un solo Salto Espacial y s?lo proporciona informaci?n cient?fica, el p?blico querr? saher por qu? se ha malgastado su dinero. Si por el contrario se da a conocer la existencia de un planeta habitable, y uno se convierte en un Col?n interestelar, a nadie le preocupar? su dinero.
? ?Y?
? ?Y d?nde vamos a encontrar un planeta habitable? O dicho de otra forma, ?qu? estrella dentro del alcance del Salto Espacial en su estado actual de desarrollo, cu?l de las trescientas mil estrellas y sistemas estelares dentro de los trescientos a?os luz tiene la mayor probabilidad de contar con un planeta habitable? Disponemos de cantidad de datos sobre cada una de las estrellas situadas a trescientos a?os luz y una idea de que cada una tiene un sistema planetario. ?Pero cu?l tiene un planeta habitable? ?Cu?l visitar...? No lo sabemos.
? ?C?mo nos ayudar?a ese robot Jane? -dijo uno de los directores.
Madarian estuvo a punto de contestar, pero lo pens? mejor e hizo un ligero gesto en direcci?n a Bogert y ?ste comprendi?. La opini?n del director tendr?a m?s peso. A Bogert no le gustaba particularmente la idea: se estaba relacionando de forma notoria con el proyecto de la serie JN y, de resultar un fracaso, los dedos pegajosos de las cr?ticas se adherir?an a ?l. Por otra parte, la jubilaci?n no estaba lejos y, si el proyecto funcionaba, se retirar?a rodeado de un resplandor de gloria. Tal vez se tratase s?lo de la confianza en s? mismo que irradiaba Madar?an, pero Bogert hab?a llegado a creer honestamente que el proyecto saldr?a bien.
? Es muy posible -comenz?- que en alg?n lugar de las bibliotecas de datos que tenemos sobre estas estrellas, haya m?todos para estimar las probabilidades de la presencia de planetas habitables tipo la Tierra. Todo lo que necesitamos es interpretar estos datos de forma adecuada, considerarlos de manera apropiadamente creativa y llevar a cabo las correlaciones exactas. Todav?a no lo hemos hecho. O, si lo ha hecho alg?n astr?nomo, no ha sido lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de lo que ten?a entre manos.
?Un robot tipo JN podr?a establecer las correlaciones m?s r?pida y precisamente que un hombre. En un d?a, establecer?a y descartar?a tantas correlaciones como un hombre podr?a hacer en diez a?os. Adem?s, trabajar?a de forma completamente casual, mientras que un hombre contar?a con fuertes prejuicios basados en ideas preconcebidas y en las creencias ya establecidas.
Despu?s de esto se hizo un silencio considerable. Fue Robertson quien lo rompi?:
? Pero es s?lo una cuesti?n de probabilidades, ?no es as?? Imaginemos que este robot dice: ?La estrella con mayores probabilidades de contar con un planeta habitable dentro de tantos a?os luz es Squidgee-17?, u otro, y vamos all? y nos encontramos con que esta probabilidad es s?lo una probabilidad y que a fin de cuentas no hay planetas habitables. ?En qu? situaci?n nos deja?
En esta ocasi?n, Madarian intervino.
? Incluso as? habr?amos ganado algo. Sabr?amos c?mo el robot hab?a llegado a esta conclusi?n porque ?l, o ella, nos lo dir?a. Ello puede perfectamente ayudarnos a profundizar en gran manera en los detalles astron?micos y convertir en valioso todo el asunto, aunque no lleguemos a hacer el Salto Espacial. Adem?s, nos permitir?a trabajar en los cinco sistemas m?s susceptibles de contener planetas y la probabilidad de que uno de los cinco tenga un planeta habitable puede entonces superar el 0,95. Ser?a pr?cticamente seguro...
Y siguieron discutiendo todav?a largo rato.

Los fondos concedidos eran bastante insuficientes, pero Madarian ya estaba acostumbrado a sacar m?s dinero una vez gastado el primero. Ante el riesgo de perder irrevocablemente alrededor de doscientos millones, cuando cien millones m?s pod?an salvarlo todo, sin duda ser?a aceptada la concesi?n de ?stos.
Jane-1 fue finalmente construida y presentada. Peter Bogert la estudi? con gravedad.
? ?Por qu? la cintura estrecha? ?No introduce ello una debilidad mec?nica?
Madar?an lanz? una risita.
? Escucha, si hemos de llamarlo Jane, no tiene sentido darle el aspecto de Tarz?n.
Bogert sacudi? la cabeza.
? No me gusta. No tardar?s en abultarlo en la parte superior para dar forma a unos pechos, y ser?a una idea fatal. Si las mujeres empiezan a pensar que los robots pueden parecerse a ellas, puedo decirte exactamente qu? ideas perversas se les ocurrir?n, y te encontrar?s con una verdadera hostilidad por su parte.
? Tal vez en esto tengas raz?n -dijo Madarian-. Ninguna mujer quiere tener la sensaci?n de que puede ser sustituida por algo que no tenga ninguno de sus defectos. De acuerdo.

Jane-2 no ten?a la cintura de avispa. Era un robot sombr?o que rara vez se mov?a y todav?a m?s raramente hablaba.
Durante su construcci?n, s?lo en muy pocas ocasiones Madarian se hab?a precipitado al despacho de Bogert con noticias, y ello era una se?al segura de que las cosas no iban muy bien. La exuberancia de Madarian ante el ?xito era arrolladora. No dudar?a en irrumpir en el dormitorio de Bogert a las tres de la madrugada con una noticia caliente, sin poder esperar hasta la ma?ana siguiente. Bogert estaba seguro de ello.
Ahora Madarian parec?a abatido, su expresi?n, de costumbre resplandeciente, era casi p?lida, y sus rollizas mejillas en cierta forma se hab?an hundido.
? No quiere hablar -dijo Bogert, presintiendo que estaba en lo cierto.
? Oh, si habla -dijo Madarian, mientras se sentaba pesadamente y se mord?a el labio inferior antes de a?adir-: Por lo menos a veces.
Bogert se levant? y dio una vuelta alrededor del robot.
? Y, supongo, que cuando habla lo que dice no tiene sentido. Bien, si no habla no es mujer, ?no te parece?
Madarian intent? esbozar una leve sonrisa, pero renunci?.
? El cerebro, aislado, funcionaba -dijo.
? Lo s?.
? Claro que por supuesto, apenas se puso este cerebro al frente del aparato f?sico del robot, se modific? necesariamente.
? Claro -acept? Bogert, desarmado.
? Pero tambi?n de forma imprevisible y frustrante. El problema radica en que cuando se trabaja con c?lculos de incertidumbre de dimensiones n, las cosas se...
? ?Incertidumbre? -dijo Bogert. ?l mismo se sorprendi? de su reacci?n. La inversi?n de la compa??a era ya considerable y hab?an transcurrido casi dos a?os; sin embargo, los resultados eran, por decirlo finamente, decepcionantes. A pesar de todo, all? estaba, acuciando a Madarian y divirti?ndose con el asunto.
De forma casi furtiva, Bogert se pregunt? si no ser?a a la ausente Susan Calvin a quien estaba acuciando. Madarian era mucho m?s exuberante y efusivo de lo que Susan jam?s podr?a haberlo sido, cuando las cosas iban bien. Tambi?n era m?s dado a la depresi?n cuando las cosas no iban bien; por su parte, Susan, era precisamente bajo presi?n cuando nunca flaqueaba. Tal vez el blanco que supon?a Madarian era claramente la recompensa por el blanco que Susan jam?s se hab?a permitido ser.
Al igual que habr?a hecho Susan, Madarian no reaccion? ante la ?ltima observaci?n de Bogert; no por desprecio, como habr?a sido el caso de Susan, sino porque no lo oy?.
? El problema est? en el reconocimiento -dijo, en un intento de explicarse-. Tenemos a Jane-2 que est? estableciendo unas correlaciones magn?ficas. Puede hacer correlaciones sobre cualquier cuesti?n, pero una vez lo ha hecho, no puede distinguir un resultado valioso de uno que no lo sea. Saber c?mo se debe programar a un robot para que explique una correlaci?n significativa, cuando uno no sabe qu? correlaciones establecr?, no resulta tarea f?cil.
? Supongo que habr?s considerado la idea de reducir el potencial de la conexi?n de diodos W-21 y hacer saltar la chispa en los...
? No, no, no, no -dijo Madarian, y su voz se convirti? en un susurrante diminuendo-. No podemos pretender que lo diga todo. Esto podemos hacerlo por nosotros mismos. Se trata de que reconozca la correlaci?n crucial y saque la conclusi?n. Una vez hecho esto, ?comprendes?, un robot Jane obtendr? una respuesta por intuici?n. Ese algo que nosotros s?lo podr?amos conseguir con la suerte m?s remota.
? Creo que si tuvi?semos un robot as? -dijo Bogert, secamente-, le har?as hacer de forma rutinaria lo que, entre los seres humanos, s?lo alg?n que otro genio es capaz de hacer.
Madarian asinti? vigorosamente con la cabeza.
? Exactamente, Peter. Yo mismo lo habr?a dicho en estos t?rminos de no haber temido asustar a los directivos. Por favor, no lo repitas delante de ellos.
? ?Realmente quieres un robot genio?
? ?Qu? son las palabras? Estoy intentando obtener un robot con la capacidad de llevar a cabo correlaciones al azar a enormes velocidades, y que tenga adem?s un cociente de alto reconocimiento del significado clave. Estoy intentando poner estas palabras en un campo positr?nico de ecuaciones. Y pensaba haberlo logrado, pero no es as?. Todav?a no.
Mir? a Jane disgustado y dijo:
? ?Jane, cu?l es el mejor significado que tienes?
La cabeza de Jane-2 se volvi? para mirar a Madarian pero no emiti? sonido alguno, y Madar?an murmur? con resignaci?n:
? Lo est? introduciendo en los bancos de correlaci?n.
Finalmente, Jane-2 habl?, con voz sin entonaci?n:
? No estoy segura -fue el primer sonido que emiti?.
Los ojos de Madarian miraron hacia arriba.
? Est? efectuando el equivalente de formular ecuaciones con soluciones indeterminadas.
? Lo sospechaba -dijo Bogert-. Escucha, Madar?an, ?puedes lograr algo a partir de este punto, o abandonamos ahora y dejamos las p?rdidas en quinientos millones?
? Oh, lo conseguir? -murmur? Madarian.

Jane-3 no fue un logro. Ni siquiera lleg? nunca a ser activada y Madarian estaba furioso.
Fue un error humano. A decir con toda exactitud, culpa suya. A pesar de que Madarian se sent?a completamente humillado, los otros mantuvieron la calma. Quien jam?s haya cometido un error en las increiblemente complicadas matem?ticas del cerebro positr?nico que rellene el primer memor?ndum de correcci?n.

Pas? casi un a?o antes de que Jane-4 estuviese terminada. Madarian estaba exuberante de nuevo.
? Lo ha conseguido. Cuenta con un elevado y buen cociente de reconocimiento.
Tuvo la suficiente confianza como para presentarla ante la junta directiva y hacerle resolver unos problemas. No problemas matem?ticos; cualquier robot podr?a hacerlo; sino problemas donde los t?rminos eran deliberadamente err?neos sin ser completamente inexactos.
? En realidad, ello no significa mucho -dijo Bogert despu?s.
? Claro que no. Para Jane-4 es elemental, pero ten?a que mostrarles algo, ?no es as??
? ?Sabes cu?nto hemos gastado hasta la fecha?
? Vamos, Peter, no me vengas con eso. ?Sabes lo que conseguiremos a cambio? Ya sabes que estas cosas no caen en el vac?o. Te dir? por si te interesa que llevo tres malditos a?os con esto, pero he desarrollado nuevas t?cnicas de c?lculo que nos ahorrar?n como m?nimo cincuenta mil d?lares en cada nuevo tipo de cerebro positr?nico que dise?emos desde ahora en adelante. ?De acuerdo?
? Pero...
? No me vengas con peros. Es as?. Y personalmente tengo la sensaci?n de que los c?lculos de dimensi?n n de incertidumbre pueden tener una gran aplicaci?n, si tenemos la perspicacia suficiente como para encontrarlos, y mis robots Jane los descubrir?n. Una vez haya conseguido exactamente lo que quiero, la nueva serie JN quedar? amortizada en un plazo de cinco a?os, incluso aunque triplic?semos lo que hemos invertido hasta ahora.
? ?A qu? te refieres con ?exactamente lo que quiero?? ?Qu? es lo que va mal con Jane-4?
? Nada. O no mucho. Est? en la v?a, pero puede ser mejorada y tengo la intenci?n de hacerlo. Cuando la dise?? cre? que sab?a ad?nde me dirig?a. Ahora la he probado y s? ad?nde voy. Tengo la intenci?n de llegar a ese punto.

Jane-5 s? fue un logro. Madar?an tard? m?s de un a?o en construirla y en este caso sin ninguna reserva: su confianza era total.
Jane-5 era m?s baja que el robot medio, y m?s delgada. Sin ser una caricatura femenina como hab?a sido Jane-1, lograba tener un aire de feminidad a pesar de la carencia de un solo rasgo claramente femenino.
? Es la postura -dijo Bogert.
Sus brazos colgaban con gracia y en cierta forma se hab?a logrado que el torso diese la impresi?n de curvarse ligeramente cuando se volv?a.
? Esc?chala... -dijo Madarian-. ?C?mo te encuentras, Jane?
? En excelente estado de salud, gracias -dijo Jane-5, y la voz era exactamente la de una mujer; un dulce, y casi inquietante contralto.
? ?Por qu? has hecho esto, Clinton? -quiso saber Peter, asombrado y empezando a fruncir el ce?o.
? Es importante psicol?gicamente -dijo Madarian-. Quiero que la gente piense en ella como en una mujer; que la traten como a una mujer; que le expliquen cosas.
? ?Qu? gente?
Madarian se meti? las manos en los bolsillos y mir? pensativamente a Bogert.
? Quisiera arreglar las cosas de forma que Jane y yo podamos ir a Flagstaff.
Bogert no pudo dejar de advertir que Madarian no dec?a Jane-5. En esta ocasi?n no utilizaba ning?n n?mero. No era una Jane, sino la Jane.
? ?A Flagstaff? ?Por qu?? -pregunt?, con un tono de duda.
? ?Acaso no est? all? el centro mundial para la Planetologia general? ?No es all? donde se estudian las estrellas y se intenta calcular las probabilidades de planetas habitables?
? Lo s?, pero est? en la Tierra.
? Claro, y por supuesto lo s?.
? Los movimientos de los robots en la Tierra est?n estrictamente controlados. Y no es necesario ir. Hazte traer una biblioteca sobre Planetolog?a general y que Jane se empape de ella.
? ?No! Peter, quieres meterte en la cabeza de una vez por todas que Jane no es un robot l?gico corriente; es intuitiva.
? ?Y qu??
? ?C?mo podemos decir lo que necesita, lo que puede utilizar, lo que puede inspirarla? Para leer los libros podemos usar cualquier modelo met?lico de la f?brica: datos en conserva y, por a?adidura, trasnochados. Jane tiene que contar con informaci?n viva: tiene que tener tonos de voz, tiene que disponer de informaci?n tangencial, debe incluso estar al corriente de cosas totalmente irrelevantes. ?C?mo demonios sabremos qu? o cu?ndo se desencadena algo en su interior para llegar a crear una pauta? Si lo supi?semos, no la necesitar?amos en absoluto, ?no te parece?
Bogert empez? a impacientarse.
? En ese caso, trae aqu? a esos hombres, a los planet?logos generales.
? No servir?a de nada. Estar?an fuera de su elemento. No reaccionar?an de forma natural. Quiero que Jane los vea en acci?n, quiero que vea sus instrumentos, sus oficinas, sus escritorios, todo lo que pueda. Quiero que organices las cosas de forma que pueda ser transportada a Flagstaff. Y de verdad te lo digo, no me gustar?a volver a discutir sobre el asunto.
Por un momento sus palabras hab?an sonado como las de Susan. Bogert tuvo un escalofr?o.
? Es complicado organizar el transporte de un robot experimental...
? Jane no es experimental. Es la quinta de la serie.
? De hecho los otros cuatro no eran modelos ?tiles.
Madarian levant? las manos en un gesto de in?til frustracion.
? ?Qui?n te obliga a cont?rselo al Gobierno?
? No me preocupa el Gobierno. Se le puede hacer comprender los casos espcciales. Se trata de la opini?n p?blica. Hemos recorrido un largo camino en cincuenta a?os y no tengo la intenci?n de retroceder veinticinco de ellos porque t? hayas perdido el control de un...
? No perder? el control. Est?s haciendo unos comentarios est?pidos. ?Escucha! ?U.S. Robots? puede permitirse un avi?n privado. Podemos aterrizar discretamente en el aeropuerto comercial m?s cercano y perdernos en medio de cientos de aterrizajes similares. Podemos organizar que nos espere un coche terrestre grande con un remolque para llevarnos a Flasgtaff. Jane ser? embalada de forma que sea evidente que transportamos a los laboratorios alguna pieza de equipo en absoluto rob?tico. Nadie nos mirar? dos veces. Se advertir? a los hombres de Flagstaff y se les explicar? el objetivo exacto de la visita. Ser?n los primeros interesados en cooperar y evitar filtraciones.
Bogert reflexion?.
? La parte arriesgada ser? el avi?n y el coche terrestre. Si algo le pasara al embalaje...
? No pasar? nada.
? Podr?amos hacerlo si desactivamos a Jane durante el transporte. As?, incluso si alguien descubre que est? dentro...
? No, Peter. No podemos hacer eso. Ni hablar, con Jane-5, no. Escucha, desde que ha sido activada ha estado asociando libremente. Durante la desactivaci?n se puede congelar la informaci?n que posee, pero no as? las asociaciones libres. No se?or, nunca podr? ser desactivada.
? Pero, en ese caso, si se descubre de alg?n modo que estamos transportando un robot activado...
? No se descubrir?.
Madarian se mantuvo en sus trece y por fin despeg? el avi?n. Se trataba de un ?ltimo modelo autom?tico Computo-jet, pero llevaba como refuerzo un piloto humano, uno de los empleados de ?U.S. Robots?. El embalaje conteniendo a Jane lleg? al aeropuerto sin problemas, fue transferido al coche terrestre y lleg? sin incidentes a los Laboratorios de Investigaci?n de Flagstaff.

Peter Bogert recibi? la primera llamada de Madarian apenas una hora despu?s de haber llegado ?ste a Flagstaff. Madarian estaba ext?tico y, como era propio de ?l, no pudo esperar para informar.
El mensaje lleg? a trav?s de un circuito cerrado de rayo l?ser, protegido, cifrado y normalmente impenetrable, pero a Bogert lo exasper?. Sab?a que pod?a ser interceptado si alguien con la suficiente capacidad tecnol?gica -el Gobierno, por ejemplo-, as? se lo propon?a. La ?nica seguridad real radicaba en el hecho de que el Gobierno no ten?a motivo alguno para intentarlo. Por lo menos as? lo esperaba Bogert.
? Por Dios bendito, ?ten?as que llamar?
Madarian lo ignor? completamente.
? Ha sido una inspiraci?n -dijo precipitadamente-. Una pura genialidad, te lo digo yo.
Bogert se qued? un momento mirando el receptor.
? ?Quieres decir que tienes la respuesta? ?Ya? -grit?, a continuaci?n, incr?dulo.
? ?No, no! Danos tiempo, maldita sea. Lo que quiero decir es que el asunto de su voz fue una inspiraci?n. Escucha, despu?s de trasladarnos desde el aeropuerto hasta el edificio administrativo principal en Flagstaff, desembalamos a Jane y ?sta sali? de la caja. Cuando esto sucedi?, todos los hombres del lugar retrocedieron. ?Asustados! ?Atontados! Si ni siquiera los cient?ficos pueden comprender el significado de las Leyes de la Rob?tica, ?qu? podemos esperar del individuo medio sin formaci?n? Mientras estaba all?, por un segundo pens?: Todo ser? in?til. No hablar?n. Se les pondr?n los nervios de punta y buscar?n una r?pida escapatoria en el caso de que ella pierda el control, sin ser capaces de pensar en ninguna otra cosa.
? ?Bien, y entonces, ad?nde quieres ir a parar?
? Entonces ella los salud? de forma rutinaria. Dijo, ?Buenas tardes, se?ores. Encantada de conocerlos.? Frase que sali? en su hermoso contralto... Y eso bast?. Un hombre se ajust? la corbata y otro se pas? la mano por el cabello. Lo que realmente me choc? fue que el hombre m?s viejo del lugar comprob? que su bragueta estuviese abrochada. Ahora est?n todos locos con ella. Les ha bastado su voz. Ya no es un robot; es una chica.
? ?Quieres decir que hablan con ella?
? ?Que si hablan con ella! Yo dir?a que si. Deber?a haberla programado para emitir entonaciones sexuales. De haberlo hecho, ahora mismo le estar?an pidiendo una cita. Podemos hablar de reflejo condicionado. Escucha, los hombres responden a las voces. ?Acaso miran en los momentos m?s ?ntimos? Es la voz lo que est? en el o?do...
? Si, Clinton, creo recordarlo. ?D?nde est? Jane ahora?
? Con ellos. No quieren separarse de ella.
? ?Maldita sea! Ve con ella. No la pierdas de vista, muchacho.

Las llamadas posteriores de Madarian, durante los diez d?as que pas? en Flagstaff, se volvieron menos frecuentes y cada vez menos entusiastas.
Inform? que Jane escuchaba atentamente, y de vez en cuando contestaba. Segu?a siendo popular. Le era permitida la entrada en todas partes. Pero no hab?a resultados.
? ?Nada en absoluto? -dijo Bogert.
Madarian se puso inmediatamente a la defensiva.
? No podemos decir nada en absoluto. Es imposible decir nada en absoluto con un robot intuitivo. No sabemos qu? es lo que puede no funcionar en su interior. Esta ma?ana le ha preguntado a Jensen qu? hab?a desayunado.
? ?Rossiter Jensen, el astrof?sico?
? S?, claro. Ha resultado que no hab?a desayunado. Bueno, una taza de caf?.
? ?As? que Jane est? aprendiendo a mantener conversaciones intrascendentes? Esto apenas compensa la inversi?n...
? Oh, no seas est?pido. No era una conversaci?n intrascendente. Para Jane no hay charlas intrascendentes. Ha hecho la pregunta porque ten?a algo que ver con cierta correlaci?n cruzada que estaba estableciendo en su mente.
? ?De qu? puede tratarse?
? ?C?mo voy a saberlo? Si lo supiese, yo mismo ser?a una Jane y t? no la necesitar?as. Pero tiene que tener alg?n significado. Est? programada para una fuerte motivaci?n, con el fin de obtener una respuesta al problema de un planeta con ?ptima habitabilidad/distancia y...
? En ese caso, inf?rmame cuando lo haya hecho y no antes. De verdad, no necesito una descripei?n paso a paso de posibles correlaciones.
En realidad no esperaba la notificaci?n del ?xito. A medida que pasaban los d?as, Bogert fue perdiendo entusiasmo, por lo que, cuando por fin lleg? la noticia, no estaba preparado. Y ?sta lleg? al final de todo.
En esta ?ltima ocasi?n, cuando lleg? el mensaje apote?sico de Madarian, fue casi en un susurro. Le exaltaci?n hab?a descr?to un circulo completo y Madarian hab?a ca?do en un tranquilo temor reverencial.
? Lo ha logrado. Lo ha logrado. Tambi?n despu?s de haberme dado por vencido. Despu?s de estar enterada de todo lo del lugar, y muchas cosas dos o tres veces, y nunca haber dicho una palabra que tuviese alg?n sentido... Ahora estoy en el avi?n, de vuelta. Acabamos de despegar.
Bogert logr? recuperar el aliento.
? Nada de bromas, muchacho. ?Tienes la respuesta? Si es as?, dilo. D?melo sin rodeos.
? Ella tiene la respuesta. Me ha dado la respuesta. Me ha dado el nombre de tres estrellas situadas dentro de ochenta a?os luz que, seg?n ella, tienen de un setenta a un noventa por ciento de probabilidades de poseer cada una un planeta habitable. La probabilidad de que por lo menos uno lo tenga es de 0,972. Es casi seguro. Y esto no es todo. Cuando lleguemos, nos podr? explicar la l?nea exacta de razonamiento que la ha llevado a esta conclusi?n y el pron?stico que toda la ciencia de la astrof?sica y la cosmolog?a se...
? ?Est?s seguro...?
? ?Crees que sufro de alucinaciones? Tengo incluso un testigo. El pobre muchacho ha dado un salto de m?s de medio metro cuando de pronto Jane ha empezado a citar la respuesta con su maravillosa voz...
Y fue entonces cuando se produjo el impacto del meteorito y, en la completa destrucci?n del avi?n que sigui?, Madarian y el piloto fueron reducidos a trocitos de carne sanguinolenta y no se pudo recuperar ning?n resto ?til de Jane.

Jam?s en ?U.S. Robots? la tristeza hab?a sido tan profunda. Robertson intent? consolarse con el hecho de que la total destrucci?n hab?a ocultado por completo las irregularidades en que hab?a incurrido su empresa.
Peter mov?a la cabeza y se lamentaba.
? Hemos perdido la mejor oportunidad que jam?s haya tenido ?U.S. Robots? para ganar una imagen p?blica inmejorable: la de superar el maldito complejo de Frankenstein. Habr?a significado mucho para los robots que uno de ellos hubiese encontrado la soluci?n al problema del planeta habitable, despu?s de que otros robots han contribuido al Salto Espacial. Los robots nos habr?an abierto la galaxia. Y, si al mismo tiempo, hubi?semos podido llevar los conocimientos cient?ficos en una docena de direcciones distintas, como sin duda habr?amos hecho... Oh, Dios, no hay forma de estimar los beneficios para la raza humana, y para nosotros, por supuesto.
? ?Podemos construir otras Janes? ?Incluso sin Madarian? -quiso saber Robertson.
? Claro que podemos. ?Pero podremos contar de nuevo con la correlaci?n adecuada? ?Qui?n sabe lo poco probable que era este resultado final? ?Y si Madarian hubiese tenido la fant?stica suerte de los principiantes? ?Para luego tener una mala suerte todav?a m?s fant?stica? Un meteorito dirigi?ndose de cabeza a... Es sencillamente incre?ble...
? Pudo haber sido... intencionado -dijo Robertson en un vacilante susurro-. Quiero decir, tal vez se supon?a que no deb?amos enterarnos y el meteorito fue un fallo de...
Se interrumpi? ante la mirada inquisitiva de Bogert.
? Quiero creer que no se trata de una p?rdida total -dijo Bogert-. Otras Janes pueden sernos ?tiles en ciertos sentidos. Y, si podemos hacer que el p?blico las acepte, aunque me pregunto lo que dir?n las mujeres, podemos dotar a otros robots de voces femeninas. ?Si por lo menos supi?semos lo que dijo Jane-5!
? En aquella ?ltima llamada, Madarian dijo que hab?a un testigo.
? Lo s? -dijo Bogert-. He estado pensando en ello. ?Acaso imagin?is que no me he puesto en contacto con Flagstaff? Nadie en todo el lugar oy? a Jane decir algo fuera de lo corriente, nada que pareciese una respuesta al problema del planeta habitable, y por supuesto cualquiera habr?a reconocido la respuesta de haberse producido... o por lo menos la habr?a reconocido como una posible respuesta.
? ?Pod?a Madarian haber mentido? ?O haberse vuelto loco? Tal vez estaba intentando protegerse...
? ?Quieres decir que tal vez intent? salvar su reputaci?n fingiendo que ten?a la respuesta y trucando a Jane para que no pudiese hablar y decir ?l entonces: ?Oh, lo siento fue un accidente. ?Oh, maldita sea!? No lo acepto ni por un instante. Tambi?n pod?is imaginar que organiz? lo del meteorito.
? ?Qu? podemos hacer?
? Volver a Flagstaff -dijo Bogert, gravemente-. La respuesta tiene que estar all?. Tengo que profundizar m?s, eso es todo. Ir? all? y hablar? con un par de hombres del departamento de Madarian. Tenemos que revolver el lugar de arriba abajo y de cabo a rabo.
? Pero, ya sabes, aunque existiese un testigo que hubiese escuchado, ?de qu? nos servir?a, ahora que no tenemos a Jane para que nos explique el proceso?
? Cualquier detalle insignificante puede servirnos. Jane dio los nombres de las estrellas: probablemente los n?meros de cat?logo, pues ninguna de las estrellas con nombre tiene la m?nima posibilidad. Si alguien puede recordar lo que ella dijo de forma suficientemente clara como para recuperarlo mediante una psicoprueba, si esta persona careciese de memor?a consciente, tendr?amos algo. Con los resultados finales, y los datos con los que se aument? a Jane al principio, tal vez podamos reconstruir la l?nea de razonamiento; podemos recuperar la intuici?n. De lograrlo, habremos salvado el juego...

Bogert regres? al cabo de tres d?as, mudo y totalmente deprimido. Cuando Robertson le pregunt? ansiosamente por los resultados, ?l movi? la cabeza.
?Nada!
?Absolutamente nada. He hablado con todas las personas de Flagstaff. Con todos los cient?ficos, t?cnicos y estudiantes que tuvieron alguna relaci?n con Jane: con todos los que, por lo menos, la hab?an visto. No eran muchos; debo felicitar a Madar?an por esta discreci?n. S?lo permiti? que la viesen quienes eran susceptibles de contar con conocimientos planetol?gicos con que alimentarla. En total, treinta y tres personas hab?an visto a Jane y de ellas s?lo doce hab?an hablado con ella m?s all? de lo estrictamente casual.
?Les he hecho repetir una y otra vez lo que hab?a dicho Jane. Lo recordaban todo perfectamente. Dado que se trata de hombres entregados a su trabajo e involucrados en un experimento crucial relacionado con su especialidad, su inter?s para recordar era m?ximo. Y adem?s estaban ante un robot que hablaba, ya de por s? bastante sorprendente, y con uno que lo hac?a como una actriz de Televisi?n. Era imposible que olvidasen.
? Tal vez una psicoprueba... -dijo Robertson.
? Si alguno de ellos hubiese tenido aunque s?lo fuese una idea vaga de que hab?a sucedido algo, habr?a conseguido su consentimiento para someterse a una prueba. Pero nada nos da pie a una excusa, y no se puede someter a la prueba a dos docenas de hombres que viven de sus cerebros. Honestamente, no servir?a de nada. Si Jane hubiese mencionado tres estrellas y hubiese dicho que ?stas pose?an planetas habitables, habr?a sido como lanzar cohetes en sus cerebros. ?C?mo podr?an haberlo olvidado?
? En ese caso, quiz?s uno de ellos est? mintiendo -dijo Robertson, ce?udo-. Quiere la informaci?n para su uso personal; para posteriormente reivindicarla.
? ?En qu? le beneficiar?a? -dijo Bogert-. En primer lugar, todos all? conocen exactamente la raz?n de la presencia de Madarian y Jane. En segundo lugar, conocen el motivo de mi visita. Si en el futuro cualquiera que trabaja en Flagstaff surge con una teor?a sorprendentemente nueva y diferente, aunque v?lida, sobre un planeta habitable, todos los de ?U.S. Robots? sabr?n inmediatamente que se ha apropiado de ella. Jam?s se saldr?a con la suya.
? En ese caso, fue el propio Madarian quien se equivoc? en algo.
? Tampoco veo la forma de creer esto. Madarian ten?a un car?cter irritable... creo que todos los robopsic?logos tienen un car?cter irritable, por eso deben de trabajar con robots en lugar de hacerlo con hombres. Pero no era tonto. No pudo equivocarse en una cosa as?.
? Entonces... -empez? Robertson, pero hab?a agotado las posibilidades. Hab?an topado con una pared en blanco y durante algunos minutos todos se concentraron en ella desconsoladamente.
Finalmente, Robertson reaccion?.
? Peter...
? ?Si?
? Consult?moslo con Susan.
? ?Qu?! -dijo Bogert, poni?ndose r?gido.
? Consult?moslo con Susan. La llamamos y le pedimos que venga.
? ?Por qu?? ?Qu? puede hacer ella?
? No lo s?. Pero ella tambi?n es robopsic?loga y puede comprender a Madarian mejor que nosotros. Adem?s, ella... oh, cielos, siempre ha tenido m?s cerebro que nosotros.
? Tiene casi ochenta a?os.
? Y t? tienes setenta. ?Qu? tiene que ver?
Bogert suspir?. ?Habr?an hecho los a?os de retiro que su lengua abrasiva perdiese algo de aspereza?
? De acuerdo, consultar? con ella -dijo.

Susan Calvin entr? en el despacho de Bogert lanzando una lenta mirada a su alrededor antes de fijar sus ojos en el Director de Investigaci?n. Hab?a envejecido mucho desde su jubilaci?n. Su pelo era fino y blanco y su rostro parec?a haberse arrugado. Se hab?a vuelto tan fr?gil que casi parec?a transparente y s?lo en sus ojos, penetrantes e inflexibles, parec?a quedar todo lo que hab?a sido.
Bogert fue a su encuentro cordialmente y le estrech? la mano.
? ?Susan!
?sta la cogi? y dijo:
? Para ser un hombre viejo, Peter, tienes un aspecto bastante bueno. Yo en tu caso, no esperar?a hasta el a?o que viene. Ret?rate ahora y deja paso a los j?venes... Y Madarian est? muerto. ?Me has llamado para que vuelva a ocupar mi antiguo puesto? ?Pretendes mantener a los viejos hasta pasado un a?o de su verdadera muerte f?sica?
? No, no, Susan. Te he llamado para... -se interrumpi?. En definitiva no ten?a la m?nima idea de c?mo empezar.
Pero Susan ley? sus pensamientos tan f?cilmente como siempre hab?a hecho. Se sent? con la cautela nacida de unas articulaciones r?gidas y dijo:
? Peter, me has llamado porque est?s en un gran apuro. En caso contrario, antes preferir?as verme muerta a una milla de ti.
? Vamos, Susan.
? No malgastes el tiempo con palabras bonitas. Cuando ten?a cuarenta a?os no ten?a tiempo que perder y por supuesto ahora tampoco. Tanto la muerte de Madarian como tu llamada son hechos ins?litos, por lo tanto deben de tener una relaci?n. Dos hechos inusuales sin conexi?n supone una probabilidad demasiado baja para preocuparse. Empieza por el principio y no te importe mostrar que eres un est?pido. Hace mucho tiempo que lo he descubierto.
Bogert carraspe? abatido, y empez?. Ella escuch? atentamente, levantando su arrugada mano de vez en cuando para detenerlo y poder formularle alguna pregunta.
En un momento dado, ella lanz? un bufido.
? ?Intuici?n femenina? ?Para eso quer?ais el robot? Menudos sois los hombres. Os enfrent?is con una mujer que ha llegado a una conclusi?n correcta e incapaces de aceptar el hecho de que es igual o superior a vosotros en inteligencia, invent?is algo llamado intuici?n femenina.
? Pues, s?, Susan, pero d?jame continuar...
As? lo hizo ?l. Cuando le cont? lo referente a la voz de contralto de Jane, ella dijo: ? En ocasiones resulta dif?cil decidir si una debe sentirse indignada contra el sexo masculino o si es preferible prescindir de ?l por despreciable.
? Bien, d?jame continuar... -dijo Bogert.
Cuando hubo terminado, Susan dijo:
? ?Puedo utilizar a solas este despacho una o dos horas?
? S?, pero...
? Quiero estudiar los distintos informes -dijo ella-. El tipo de programaci?n de Jane, las llamadas de Madarian, tus entrevistas en Flagstaff. Supongo que si as? lo deseo puedo usar este nuevo y maravilloso tel?fono l?ser protegido y tu terminal de la computadora.
? S?, por supuesto.
? Bien, en ese caso, sal de aqu?, Peter.

No hab?an pasado tres cuartos de hora cuando ella se acerc? cojeando a la puerta, la abri? e hizo llamar a Bogert.
Bogert lleg? acompa?ado de Robertson. Entraron ambos y Susan salud? a este ?ltimo con un ?Hola, Scott?, falto de entusiasmo.
Bogert intent? desesperadamente adivinar los resultados a trav?s del rostro de Susan, pero no era m?s que la cara de una anciana ce?uda que no ten?a ninguna intenci?n de facilitarle las cosas.
? ?Crees que puedes hacer algo, Susan? -pregunt? con cautela.
? ?M?s de lo que ya he hecho? ?No! No hay nada m?s.
Los labios de Bogert formaron una mueca de disgusto, Robertson por su parte dijo:
? ?Qu? es lo que ya has hecho, Susan?
? He pensado un poco -dijo Susan-. Algo que, seg?n parece, jam?s lograr? que hagan los dem?s. Por una parte, he pensado en Madarian. Lo conoc?a, ya sab?is. Ten?a cerebro pero era un extrovertido muy irritante. Supuse que, despu?s de mi, te gustar?a, Peter.
? Supuso un cambio -dijo Peter, sin poder resistirlo.
? Y siempre acud?a a ti corriendo al cabo de un minuto de obtener alg?n resultado, ?era as?, verdad?
? S?, ?l era as?.
? Y sin embargo -dijo Susan-, su ?ltimo mensaje, donde dijo que Jane le hab?a dado la respuesta, fue enviado desde el avi?n. ?Por qu? esper? tanto? ?Por qu? no te llam? desde Flagstaff, inmediatamente despu?s de que Jane dijese lo que fuera que dijo?
? Supongo que por una vez quiso comprobarlo concienzudamente y... bien, no lo s?. Era lo m?s importante que le hab?a ocurrido jam?s; por una vez, tal vez quiso esperar y estar bien seguro ?l mismo.
? Todo lo contrario: sin duda, cuanto m?s importante era, menos esperar?a. Y, si consigui? esperar, ?por qu? no hacerlo de forma adecuada y esperar hasta estar de regreso en ?U.S. Robots? de forma que pudiese verificar los resultados con todo el equipo inform?tico que esta compa??a habr?a puesto a su disposici?n? En resumen, esper? demasiado desde un punto de vista y no lo suficiente desde el otro.
? Piensas entonces que estaba a punto de hacer alguna jugada -interrumpi? Robertson.
? Scott -dijo Susan, y parec?a estar indignada-, no intentes hacerle la competencia a Peter con comentarios necios. D?jame continuar... El segundo punto se refiere al testigo. Seg?n el informe de la llamada, Madarian dijo: ?El pobre muchacho dio un salto de m?s de medio metro cuando de pronto Jane empez? a citar la respuesta con su maravillosa voz.? De hecho, fue lo ?ltimo que dijo. Y la pregunta es: ?Por qu? el testigo tuvo que dar un salto? Madarian hab?a explicado que todos los hombres estaban locos por aquella voz, y hab?an pasado diez d?as con el robot... con Jane. ?Por qu? deber?a sobresaltarles el mero hecho de que hablase?
? Yo imagin? que fue por el asombro de escuchar a Jane dando una respuesta al problema que ha ocupado las mentes de los planet?logos desde hace casi un siglo.
? Sin embargo ellos esperaban que ella diese con la respuesta. Para eso estaba all?. Adem?s, tened en cuenta la forma en que fue formulada la frase. El comentario de Madarian hace pensar que el testigo se sobresalt?, no sorprendi?, si sois capaces de advertir la diferencia. Y es m?s, esta reacci?n lleg? ?cuando Jane de pronto empez?... En otras palabras, en el mismo momento de iniciarse la declaraci?n. Para sorprenderse del contenido de lo que dijo Jane, el testigo habr?a tenido que escuchar un trozo para asimilarlo. Madarian habr?a dicho que hab?a dado un salto de medio metro despu?s de haber o?do a Jane decir esto y aquello. Habr?a sido ?despu?s? y no ?cuando?, y la palabra ?de pronto? no habr?a sido incluida.
? No creo que puedas hilar tan fino un asunto por la presencia o ausencia de una palabra -dijo Bogert, desasosegado.
? Puedo hacerlo porque soy robopsic?loga -replic? Susan, friamente-. Y puedo suponer que as? lo har?a tambi?n Madarian, porque el era robopsic?logo. Por lo tanto, debemos encontrar una explicaci?n a estas dos anomal?as. El extra?o lapso antes de la llamada de Madarian y la extra?a reacci?n del testigo.
? ?Puedes explicarlas? -pregunt? Robertson.
? Por supuesto, pues suelo hacer uso de un poco de l?gica -contest? Susan-. Madar?an llam? para comunicar la noticia sin demora, como siempre hac?a, o con la demora que fue capaz de conseguir. Si Jane hubiese resuelto el problema en Flagstaff, sin duda habr?a llamado desde Flagstaff. Desde el momento que llam? desde el avi?n, es evidente que ella debi? de resolver el problema despu?s de haber salido de Flagstaff.
? Pero entonces...
? Dejadme terminar. Dejadme terminar. ?Acaso Madarian no fue llevado desde el aeropuerto a Flagstaff en un autom?vil terrestre pesado y cerrado? ?Y Jane con ?l, en la caja?
? S?.
? Y es de suponer que Madarian y la embalada Jane regresaron al aeropuerto desde Flagstaff en el mismo autom?vil terrestre pesado y cerrado. ?Estoy en lo cierto?
? ?S?, por supuesto!
? Y tampoco estaban solos en aquel veh?culo. En una de sus llamadas, Madarian dijo: Fuimos conducidos del aeropuerto al edificio administrativo principal; y supongo que tengo raz?n al deducir que si fue conducido, era porque hab?a un conductor humano en el coche.
? ?Cielo santo!
? Lo que te pasa a ti, Peter, es que cuando piensas en un testigo de una declaraci?n planetol?gica, piensas en planet?logos. Divides a los seres humanos en categor?as, menospreciando y desde?ando a la mayor?a de ellos. Un robot no puede hacer esto. La Primera Ley dice: Un robot no puede causar da?o a un ser humano o, mediante la inacci?n, permitir que un ser humano sufra da?o. Ning?n ser humano. ?sta es la esencia del punto de vista rob?tico sobre la vida. Un robot no hace distinciones. Para un robot, todos los hombres son completamente iguales y, para un robopsic?logo que debe forzosamente tratar con robots a nivel robotico, todos los hombres son completamente iguales.
?A Madarian no se le habr?a ocurrido decir que la declaraci?n de Jane hab?a sido escuchada por un camionero. Para vosotros un camionero es un mero ap?ndice animado de un cami?n, pero para Madarian era un hombre y un testigo. Ni nada m?s, ni nada menos.
Bogert movi? la cabeza, incr?dulo.
? ?Est?s segura?
? Claro que estoy segura. ?C?mo si no explicas el otro punto, la observaci?n de Madarian sobre el sobresalto del testigo? Jane estaba embalada, ?no es as?? Pero no estaba desactivada. Seg?n los informes, Madarian siempre se opuso a la desactivaci?n de un robot intuitivo. Por otra parte, Jane-5, al igual que las otras Janes, no era en absoluto habladora. Sin duda en ning?n momento se le ocurri? a ?l ordenarle que permaneciese callada dentro del embalaje; y fue estando dentro de la caja cuando las piezas del rompecabezas empezaron a encajar. Ella se puso a hablar con naturalidad. Del interior del embalaje se dej? o?r de pronto una hermosa voz de contralto. ?C?mo habr?ais reaccionado vosotros, de haber sido el camionero? Seguramente dando un respingo. Es un milagro que no tuviese un accidente.
? Pero si el camionero fue testigo de este hecho, ?por qu? no se present? posteriormente?
? ?Por qu?? ?No es posible que no fuese consciente de que hab?a ocurrido algo crucial, de que hab?a escuchado algo importante? Adem?s, ?no cre?is que Madarian debi? de darle una buena propina y pedirle que no dijese nada? No os gustar?a que se hubiese divulgado la noticia de que se hab?a transportado ilegalmente un robot a trav?s de la Tierra.
? Bien, ?recordar? lo que se dijo?
? ?Por qu? no? A ti, Peter, puede parecerte que un camionero, en tu opini?n un paso por encima del mono, no es capaz de recordar. Pero los camioneros tambi?n tienen cerebro. Las declaraciones fueron de lo m?s notable y es muy posible que el conductor recuerde algunas. Aunque se equivoque en alguna letra o alg?n n?mero, estaremos ante un conjunto finito, ya sab?is, las cinco mil quinientas estrellas o sistemas estelares dentro de ochenta a?os luz, o algo as?... no he consultado la cifra exacta. Podr?is escoger correctamente. Y, en caso necesario, tendr?is la excusa para utilizar la psicoprueba...
Los dos hombres la miraban. Por fin, Bogert, sin atreverse a creerlo, murmur?:
? ?Pero c?mo puedes estar segura?
Susan tuvo la tentaci?n de decir: "Porque he llamado a Flagstaff, est?pido, porque he hablado con el conductor, y porque me ha contado lo que oy?, porque he consultado la computadora de Flagstaff y he sacado las tres ?nicas estrellas que encajan con la informaci?n, y porque tengo sus nombres en el bolsillo".
Pero no lo hizo. Que lo descubr?ese por s? mismo. Con sumo cuidado, se puso de pie y dijo sard?nicamente:
? ?C?mo puedo estar segura...? Llamalo intuici?n femenina.




MI HIJO EL F?SICO

Su cabello era claro de un color verde manzana, muy apagado, muy pasado de moda. Se notaba que ten?a buena mano con el tinte, como hace treinta a?os, antes de que se pusieran de moda los reflejos y las mechas.
Una sonrisa dulce cubr?a su rostro y una mirada tranquila convert?a cierta vejez en algo sereno.
Y, en comparaci?n, convert?a en caos la confusi?n que la rodeaba en aquel enorme edificio gubernamental.
Una chica pas? medio corriendo a su lado, se detuvo y la observ? con una mirada vac?a y sorprendida.
??C?mo ha entrado?
?Estoy buscando a mi hijo, el f?sico.
La mujer sonri?.
?Su hijo, el...
?En realidad es ingeniero de Comunicaciones. El f?sico en jefe Gerard Cremona.
?El doctor Cremona. Bueno, est?... ?D?nde est? su pase?
?Aqu? lo tiene. Soy su madre.
?Bueno, se?ora Cremona, no lo s?. Tengo que... Su despacho est? por ah?. Preg?nteselo al primero que encuentre. ?Se alej? medio corriendo.
La se?ora Cremona movi? la cabeza lentamente. Supuso que hab?a ocurrido alguna cosa. Esperaba que Gerard estuviera bien. Oy? voces al otro extremo del pasillo y sonri? contenta. Pudo distinguir la de Gerard.
?Hola, Gerard ?dijo al entrar en la habitaci?n.
Gerard era un hombre grande que luc?a todav?a una buena cabellera en donde empezaban a verse las canas que no se molestaba en te?ir. Dijo que estaba demasiado ocupado. Ella se sent?a muy orgullosa de ?l y del aspecto que ten?a.
En aquel momento, hablaba en voz muy alta con un hombre vestido con atuendo militar. No pudo distinguir el rango pero sab?a que Gerard pod?a manejarlo bien.
Gerard levant? la vista y dijo:
??Qu? quiere...? ?Madre! ?Qu? haces aqu??
?Quedamos que vendr?a hoy a verte.
??Es jueves hoy? Oh, Dios, lo hab?a olvidado. Si?ntate, mam?, ahora no puedo hablar. Cualquier sitio. Cualquier sitio. Mire, general.
El general Reiner mir? por encima del hombro y con una mano le toc? la espalda.
??Su madre?
?S?.
??Tendr?a que estar aqu??
?En este momento, no, pero yo me hago responsable de ella. Ni siquiera sabe leer un term?metro de modo que no entender? nada de todo esto. Mire, general. Est?n en Plut?n. ?Lo entiende? Est?n all?. Las se?ales de radio no pueden ser de origen natural de modo que deben proceder de seres humanos, de nuestros hombres. Tendr?n que admitirlo. De todas las expediciones que hemos enviado m?s all? del cintur?n de asteroides, una ha conseguido llegar. Y est?n en Plut?n.
?S?, comprendo lo que est? diciendo, ?pero no sigue siendo imposible? Los hombres que est?n ahora en Plut?n salieron hace cuatro a?os con un equipo que no pod?a mantenerles con vida m?s de un a?o. As? es como lo veo yo. Su objetivo era Gan?medes y parecen haber recorrido ocho veces esa distancia.
?Exactamente. Y nosotros tenemos que averiguar c?mo y por qu?. Puede..., puede simplemente... que hayan conseguido ayuda.
??Qu? clase de ayuda? ?C?mo?
Cremona apret? con fuerza las mand?bulas como si estuviera rezando interiormente.
?General ?dijo?, estoy poni?ndome en una situaci?n precaria pero es remotamente posible que hayan recibido la ayuda de seres no humanos. Extraterrestres. Tenemos que averiguarlo. No sabemos cu?nto tiempo puede mantenerse el contacto.
?Quiere decir ?(en el serio rostro del general apareci? una inedia sonrisa)? que quiz? se hayan escapado y que en cualquier momento puedan ser capturados de nuevo.
?Quiz?. Quiz?. El futuro entero de la raza humana quiz? dependa de que sepamos exactamente lo que ocurre. De saberlo ahora.
?De acuerdo. ?Qu? es lo que quiere?
?Vamos a necesitar en seguida el ordenador Multivac del Ej?rcito. Tiene que abandonar el trabajo que est? haciendo en este momento y empezar a programar nuestro problema sem?ntico general. Todos sus ingenieros de Comunicaciones tienen que abandonar cualquier trabajo y coordinarse con los nuestros.
?Pero, ?por qu?? No entiendo qu? tiene que ver una cosa con la otra.
Una suave voz les interrumpi?.
?General, ?quiere un poco de fruta? He tra?do unas naranjas.
??Mam?! ?Por favor! ?exclam? Cremona?. ?Despu?s! General, es muy sencillo. En este momento Plut?n est? a una distancia de seis mil millones de kil?metros. Las ondas de radio tardan seis horas, viajando a la velocidad de la luz, para llegar de aqu? a all?. Si decimos algo, tendremos que esperar doce horas hasta recibir una respuesta. Si ellos dicen algo y nosotros no lo entendemos y contestamos ?qu? y ellos lo tienen que repetir..., perdemos todo un d?a.
??No hay forma de ir m?s r?pido? ?pregunt? el general.
?Claro que no. Es la ley b?sica de la comunicaci?n. Ninguna informaci?n puede transmitirse a mayor velocidad que la luz. Necesitar?amos meses para tener la misma conversaci?n con Plut?n que en pocas horas tendr?amos nosotros ahora mismo.
?S?, lo entiendo. ?Y realmente cree que hay extraterrestres metidos en esto?
?Lo creo. Para ser sincero, no todos los que est?n aqu? est?n de acuerdo conmigo. No obstante, estamos utilizando todos los recursos posibles para encontrar alg?n m?todo de concentrar la comunicaci?n. Tenemos que transmitir cuantas m?s se?ales posibles por segundo y esperar que consigamos lo que necesitamos antes de perder el contacto. Y ah? es donde necesito la Multivac y a sus hombres. Debe de existir alguna estrategia de comunicaciones que podemos utilizar para reducir el n?mero de se?ales. Tan s?lo el aumento del diez por ciento en la eficacia puede suponer un ahorro de una semana.
La suave voz interrumpi? de nuevo.
?Dios m?o, Gerard, ?se trata de hablar un poco?
??Madre! ?Por favor!
?Pero si lo est?s enfocando todo al rev?s.
?Madre. ?La voz de Cremona empezaba a traslucir una cierta impaciencia.
?Bueno, de acuerdo, pero si vas a decir algo y despu?s esperar doce horas a que te respondan, es una tonter?a. No deber?an hacerlo as?.
El general emiti? un bufido.
?Doctor Cremona, ?quiere que consultemos a...?
?Un momento, general ?dijo Cremona?. ?A qu? te est?s refiriendo, mam??
?Mientras esperas una respuesta ?dijo la se?ora Cremona, seriamente? contin?a transmitiendo y diles que ellos hagan lo mismo. T? hablas continuamente y ellos hablan continuamente. T? pones a alguien que escuche continuamente y ellos tambi?n hacen lo mismo. Si cualquiera de los dos dice algo que quiere una respuesta, puedes hacerlo, pero lo m?s probable es que te digan todo lo que necesites saber sin preguntar.
Ambos hombres se la quedaron mirando fijamente.
?Claro. Una conversaci?n continua ?susurr? Cremona?. S?lo con un desfase de doce horas. Dios m?o, tenemos que ponernos en marcha.
Sali? de la habitaci?n dando grandes zancadas y casi arrastrando al general. Al cabo de unos segundos volvi? a entrar.
?Madre ?dijo?, si me perdonas, creo que tardar? unas horas. Te mandar? a una de las chicas para que te haga compa??a. O ?chate una siesta, si lo prefieres.
?No te preocupes, Gerard ?contest? la se?ora Cremona.
?De todas formas ?c?mo se te ha ocurrido, mam?? ?Qu? te hizo pensar en esta soluci?n?
?Pero, Gerard, todas las mujeres lo saben. Cualquiera de dos mujeres al vide?fono o simplemente cara a cara sabe que el secreto de hacer que se extienda una noticia es, sea lo que sea, hablar continuamente.
Cremona intent? sonre?r. A continuaci?n, y tembl?ndole el labio inferior, sali?.
La se?ora Cremona lo observ? cari?osamente. Un hombre tan guapo, su hijo, el f?sico. A pesar de ser un hombre maduro e importante, todav?a era consciente de que un chico siempre debe escuchar los consejos de su madre.
Realizado por Mal_fica @ 21:56  | Literatura
Comentarios (6)  | Enviar
Comentarios
Realizado por Anonimo
Jueves, 23 de agosto de 2007 | 14:39
te recomiendo que leas "La sensaci?n de poder" que est? en el libro de Asimov "NUEVE FUTUROS" Lo pod?s leer de http://www.librosgratisweb.com/html/asimov-isaac/nueve-futuros/index.htm M?nica
[email protected]
Realizado por Anonimo
S?bado, 20 de marzo de 2010 | 10:21
HeladoFlashChicainvasorDemoniomu?eco de nieveVacilandomu?eco de nieveHeladoAvergonzadoRollEyesRebotadoFumadorEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?adoEnfurru?ado
Realizado por Anonimo
Viernes, 26 de noviembre de 2010 | 11:34

es mas fome ma ensima a la longa le gusta al niuno ajdjajdjasdjasjd (victor sldaña escobar) jasdjasjajsdja

Realizado por Anonimo
Lunes, 29 de noviembre de 2010 | 0:03

careto esperma Noche Divertido Navidad Chica Idea Sonrojado RollEyes invasor Avergonzado Helado Demonio Ardiendo mu?eco de nieve Angelito Llorica Payaso Rebotado Rebotado Vacilando Enfurru?ado Gui?o desquiciado loco Muchas risas Llorando Flash Sonrisa Gigante Fumador Sonrisa Saludando ;) Llama Vacilando llameante Cumplea?os Cumplea?os Kitty zopenco Bailando Cowboy Mascando chicle Brindis Brindis Censurado Vomitona Vomitona Vomitona Careto flor Hippie careto esperma Faraon egipcio fumando mecanografiando caida de mandibulas Latigazo! Latigazo! mejillas sonrojadas NO! Vomitona Vomitona Mono saludando ;) Chulo Ojos locos Careto caballero indispuesto Careto joker tomatazo tomatazo Alarma Alarma Patty Patty Arcoiris Arcoiris Corazon Bastardo Kitty Bastardo Kitty Bastardo Kitty sabroso Tongue Sonrisa Eeeeeeek Confundido Desgaste Amorrrrrrrrr Amorrrrrrrrr Amor Dormido Enfurru?ado Helloween Secreto Gestos con las manos ?fiesta! marrullero Ojos saltones 2 Muchas risas Careto bandera Francia Splat Vampiro KAI Confundido hacer pedazos Tongue 2 Tongue 2 Karate Karate Beso Gui?o

Realizado por Anonimo
Lunes, 05 de noviembre de 2012 | 23:37

esto es util para quien lo necesite para una tareaNoche Divertido Navidad Chica careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma tomatazo caida de mandibulas

Realizado por Anonimo
Mi?rcoles, 11 de noviembre de 2015 | 23:08

esto es estupido para quien requiere una tareaMuchas risas Muchas risas Muchas risas KAItomatazo tomatazo tomatazo Vomitona Vomitona Vomitona caida de mandibulas caida de mandibulas caida de mandibulas caida de mandibulas careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma careto esperma zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco zopenco Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Ardiendo Vomitona Vomitona Vomitona Vomitona Vomitona Vomitona Vomitona Vomitona Vomitona Vomitona Vomitona Vomitona Vomitona Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Desgaste Dormido Dormido Dormido Dormido Dormido Dormido Dormido Dormido Dormido Dormido Enfurru?ado Enfurru?ado Enfurru?ado Enfurru?ado Enfurru?ado Enfurru?ado Enfurru?ado Enfurru?ado Enfurru?ado Enfurru?ado Enfurru?ado Enfurru?ado indispuesto indispuesto indispuesto indispuesto indispuesto indispuesto indispuesto indispuesto Chulo Chulo Chulo Chulo Chulo Chulo Chulo Chulo Chulo Saludando ;) Saludando ;) Saludando ;) Saludando ;) Saludando ;) Mono saludando ;) Mono saludando ;) Mono saludando ;) Llorica Llorica Llorica Llorica Llorica Llorica Llorica Avergonzado Avergonzado Avergonzado Avergonzado Avergonzado Avergonzado Avergonzado Avergonzado Avergonzado Avergonzado Sonrojado Sonrojado Sonrojado Sonrojado Sonrojado RollEyes RollEyes RollEyes RollEyes Noche Noche Noche Noche desquiciado desquiciado desquiciado desquiciado loco loco loco Llorando Llorando Llorando Llorando Mascando chicle Mascando chicle Saludando ;) Saludando ;)