S?bado, 29 de marzo de 2008
Dos noticias desde Israel, el primero un articulo de un israeli sobre la "amistad" europea hacia su pais, muy interesante y una entrevista a Daniel Barenboim, un pianista judio argentino nacionalizado español, israeli y palestino, todo un personaje...


Con amigos como éstos...

De Gideon Levy para Haaretz

Traducido por Carlos Sanchis y revisado por Caty R. para Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala.

El derroche de demostraciones de apoyo que está recibiendo Israel durante estos días resulta casi bochornoso. El desfile de eminentes invitados extranjeros y la calurosa recepción que se dispensa en el exterior a los estadistas israelíes, realmente no se había visto nunca. ¿Quién no ha venido de visita últimamente? Desde la canciller alemana al principal aspirante a la presidencia estadounidense. Y el secretario general de las Naciones Unidas está en camino. Visitar Israel se ha convertido en una cuota para los políticos extranjeros. Si no han estado aquí, no han estado en ninguna parte.

A los visitantes se les lleva, por supuesto, al Yad Vashem -Museo de la Memoria del Holocausto-, al Muro de las Lamentaciones y ahora, además, a Sderot, el nuevo centro nacional de peregrinación. Algunos pagan también por una visita superficial a Ramala, nadie va a la Franja de Gaza, y todos se deshacen en elogios hacia Israel. Ni una palabra de crítica a la ocupación, a las violentas operaciones de Israel en los territorios palestinos ocupados, al asedio ni a la condena al hambre, salvo algunos vagos comentarios sobre la necesidad de una solución. Israel exprime el limón «mediático» de Sderot para todos sus valedores.

La mezcla de Sderot y el Holocausto, la islamofobia internacional y el gobierno de Hamás en Gaza, dan el pego. Israel no se había apuntado un éxito de este tipo en la política exterior desde la época de los Acuerdos de Oslo. A juzgar por las declaraciones de nuestros invitados extranjeros y nuestros organizadores, en el extranjero, ningún otro estado del mundo es más amado que el nuestro. Un estado que impone un asedio casi inaudito actualmente en el mundo en términos de crueldad, que adopta una política oficial de asesinatos, es abrazado por la familia de las naciones, si juzgamos por las palabras de muchos estadistas que cruzan nuestro umbral.

Por supuesto es agradable disfrutar de esta ola de apoyo, pero es una ilusión. La opinión pública de la mayoría de los países cuyos líderes están amontonando todas esas alabanzas sobre nosotros no está con ellos. Israel sigue siendo un estado rechazado, a veces, incluso, con marginación y desprecio. El mundo ve las imágenes de Gaza en la televisión -en comparación, Sderot parece un balneario- y saca sus propias conclusiones. El sentido natural de justicia que dicta el apoyo a la lucha por la libertad de los pueblos oprimidos, como el tibetano, dicta el apoyo natural a la lucha palestina por la liberación. El hecho de que sea una lucha entre un David palestino y un Goliat israelí sólo completa la historia. Con la excepción de EEUU el mundo, al margen de sus estadistas, está contra nosotros.

Por lo tanto, no debemos ceder ante la ilusión: La actual temporada de apoyo oficial no es auténtica. Tampoco lo es la idea de que la amistad ciega, incondicional, sea amistad. El apoyo a Israel, como una empresa justa, que está extendido por la mayoría de Occidente, no significa que se acepten todos sus caprichos. Un verdadero amigo de Israel, uno que esté sinceramente interesado en su destino, es sólo ese amigo que se atreve a expresar una crítica severa a su política de ocupación, que supone el riesgo más grave para su futuro, y que además actúa en consecuencia para acabar con ella. La mayoría de los «amistosos» estadistas no entienden esto.

La posición de los líderes europeos es particularmente desconcertante. No estamos hablando de EEUU, con su lobby judío y cristiano, sino de la testaruda Europa, que también ha perdido su habilidad para actuar como un intermediario honrado, el tipo que blande su influencia para acabar con un conflicto que también la pone en peligro. Necesitamos a Europa, la paz necesita a Europa, pero la Europa oficial se tapa los ojos y cae automáticamente alineada con EEUU y su ciego apoyo a Israel y su asedio de Gaza. Angela Merkel, que recibió una recepción regia aquí la semana pasada, no planteó ningún problema polémico en su discurso en la Knesset. Y así su «histórico» discurso se convirtió en un discurso vacío.

La misma conducta exhibió su colega en el liderazgo europeo, el presidente francés Nicolás Sarkozy, durante la visita a su país del presidente Simon Peres. Las banderas israelíes que ondeaban a lo largo de los Campos Elíseos y la tan discutida caseta israelí en la Feria del Libro de París no pueden ocultar el hecho que muchos ciudadanos franceses están dolidos por la ocupación. Al no hablar sobre el asedio de Gaza, el hambre que se ha impuesto a la Franja y la matanza de cientos de sus habitantes, los líderes de Europa no están cumpliendo con sus obligaciones políticas y morales. Los que creen que sólo la honrada intervención internacional puede llevar al final de la ocupación, se sienten desesperados y defraudados. Sí, Europa, precisamente ese continente que arrastra justificables sentimientos de culpa por el Holocausto judío, debería encontrar otra manera de venir en ayuda de Israel. Las visitas edulcoradas y los discursos melífluos, de hecho, expresan una profunda falta de respeto por Israel y por la opinión pública europea.

Esta amistad ciega permite que Israel haga lo que le viene en gana. Ha pasado el tiempo en que cada fortín erigido en los Territorios y cada asesinato selectivo se estudiaban minuciosamente por miedo a la crítica internacional. Esa época ya no existe. Israel tiene carta blanca para matar, destruir y colonizar. Estados Unidos abandonó el papel de intermediario honrado hace tiempo y ahora Europa sigue sus pasos. ¡Qué deprimente! Con amigos como estos, Israel casi no necesita enemigos.


 

Daniel Barenboim:"Por qué me he convertido en palestino"

Jean Daniel y Jacques Drillon para NouvelObs, traducido por Caty R. para Rebelión.

El pasado mes de enero, el pianista y director de orquesta israelí adquirió la nacionalidad palestina. En esta entrevista explica las razones de su elección y responde a sus detractores

¿Cuál es su nacionalidad?

Argentina, israelí, española y palestina. Tengo los cuatro pasaportes.

¿Cómo reaccionaron los israelíes cuándo usted recibió la nacionalidad palestina?

De una forma muy positiva, en general. La mayoría de los mensajes que he recibido son laudatorios y amistosos. Los demás eran viscerales e irracionales. Los medios de comunicación dijeron que me habían criticado y no es cierto. Los medios de comunicación pueden jugar un papel muy positivo, pero simplifican. Cuando interpreté a Wagner en Jerusalén, discutí largamente con el público e invité a abandonar la sala a los que no quisieran quedarse: ya habían escuchado el concierto, en el bis se podían marchar. De 3.000 personas, salieron menos de 100 –armando jaleo, es normal- ¡Pero se dijo que los provoqué! Y eso dio la vuelta al mundo… No estoy mal considerado en Israel, a pesar de todas las críticas que expreso. Incluso el gobierno nos ayuda discretamente en los proyectos de educación musical. No me dicen que exagero ni me llaman al orden. Y sin embargo conozco a algunos dirigentes desde la infancia… Conozco a Barak desde los 15 años, también toca el piano y no lo hace mal del todo. Lo vi en septiembre. Pudo decirme entonces que me callara, pero no lo hizo, en absoluto.

Pero eso es incomprensible.

Sí. Y también es incomprensible que sepamos que un 75 o un 80% de los israelíes quieren la paz y, sin embargo, apoyan las operaciones militares en Gaza… No entienden. Piensan que conseguirán la paz con la fuerza, ¡Ni hablar! Sólo conseguiremos la paz si somos justos. Dicen: Hay que «dar» tal cosa a los palestinos. Y no es así, ¡no es un regalo! ¡Los palestinos tienen derecho! Los israelíes quieren vivir en paz, no hacerles daño, ni asesinarlos ni expulsarlos, pero no quieren comprender que en el lugar donde quieren vivir en paz, los palestinos vivían desde hace veinte siglos. Ni que la minoría de palestinos en el Israel anterior a 1967, Nazaret, Tiberiade, Haifa, no es una minoría como los magrebíes en Francia o los turcos en Alemania: ¡Estaban en su tierra! Es como si los turcos se hubieran convertido en una mayoría en Alemania y los alemanes en una minoría. Observe el desarrollo demográfico: en la gran Palestina, los palestinos son un 55% de la población. Temo que si no les damos a los palestinos lo que se les debe, se cuestionará la existencia de Israel como Estado judío, que corre el riesgo de no ser nada más que un breve episodio en la historia del pueblo judío. Lo peor es que cada vez hay más personas que se acostumbran a vivir sin solución, incluidos los moderados, la gente inteligente de los dos bandos. Se resignan a la desesperación. Eso es muy peligroso.

¿Tiene miedo de Irán?

¡Naturalmente! Si Ahmadinejad no utilizara esas expresiones irracionales, como la «suciedad sionista», tendría mejor prensa. Hablar así es oportunista, es más cómodo que hablar de injusticia. En Palestina, ni Fatah ni Hamás son una respuesta, pero existen pequeños grupos de palestinos que ejercen una resistencia no violenta. No tienen el poder pero están ahí. En Israel no hay nadie. No soy antiisraelí, pero no hay un sólo partido en este país al que yo pudiera votar. Ni siquiera un pequeño partido…

¿Por qué no se compromete en la vida política?

Paderewski era un gran pianista que llegó a ser presidente de Polonia. Cuando se encontró con Chamberlain, éste le dijo:

- ¿Es usted el gran pianista?
- Sí.
- ¿Y es el presidente de Polonia?
- Sí.
- ¡Qué decadencia!


El 15 de mayo, Israel va a festejar su independencia y en Palestina habrá manifestaciones en contra. ¿Qué hará usted, en París o en algún otro sitio?

En París sería demasiado fácil. Voy a organizar un concierto en Tel Aviv, que se llamará «Día de Independencia-Al Nakba» (la catástrofe), que es como nombran los palestinos a ese día. No se puede celebrar uno y olvidar el otro. Por lo tanto será un concierto israelopalestino. Habrá músicos del conservatorio que fundamos en Nazaret para los palestinos, el Conservatorio Barenboim-Said.

Usted dice a menudo que todo se basa en la comprensión. ¿Por qué no les explica lo que usted ha comprendido?

Ya lo saben todo. ¡Barak conoce la historia! Sabe que desde el principio hubo tres concepciones opuestas: los revisionistas, que querían imponer Israel a los árabes por la fuerza -y eso hasta Sharon-; los laboristas, algo menos duros pero que decían las mismas cosas incluyendo las preocupaciones sociales; y después estaban todos los que decían, con Martin Buber, que no podían imponerse contra la voluntad de los árabes. Decía: un alto el fuego no es suficiente. ¡Barak sabe todo eso! Pero lo que me vuelve loco, es que el pueblo judío tenía la reputación de ser inteligente; ¡nos amaban o nos odiaban por eso! Esa época pasó. Porque la situación permanece desde hace sesenta años y no funciona. No se puede obligar a las personas a que se arrodillen y se contenten con su suerte. A cada victoria militar, quizás sea necesario, es peor que antes. Estaba la OLP y ahora está Hamás, ¡Hamás es una creación israelí! Son tontos. ¡Incluso construyeron un centro islámico en Gaza, sin preocuparse de las condiciones de vida de allí, mientras que los palestinos eran el único pueblo árabe laico!

Usted no es religioso, pero la religión, también en Israel, podría ser una motivación.

La religión se ha vuelto bastante hipócrita, en esta región en cualquier caso. En Israel, la religión está instrumentalizada. Otorga los derechos. Y del lado musulmán también. Ya no tiene nada que ver con la fe.

Usted fundó la West-Eastern Divan Orchestra, en la que interpretan juntos árabes y judíos. ¿Lo hizo para que los músicos judíos y palestinos vean que pueden trabajar juntos?, ¿o para dar un ejemplo, en cierto modo?

Una cosa no excluye la otra. La única idea política que está detrás del proyecto es que no hay solución militar a este conflicto y que no hay que esperar más para regularlo políticamente. Todos debemos combatir la ignorancia que reina en cada uno de los dos bandos con respecto al otro; aprender a respetar la lógica de la «narrativa» del otro. Esta orquesta se fundó contra la ignorancia. Como soy músico, actué en el ámbito musical.

La práctica musical colectiva no es una elección neutra.

Una orquesta es una escuela para la vida. No se trata de una «orquesta para la paz», la agrupación no va a traer la paz. Es un símbolo. En una orquesta todos somos iguales ante la obra, pero también interdependientes: el violín tiene necesidad del clarinete, que a su vez necesita al contrabajo, etc. Yo me vuelco personalmente; interpreto, pero escucho lo que hacen los demás. Me controlo en función de lo que hacen los otros. Así, el director, el único que no tiene una relación directa con el sonido, depende de la actitud y la aptitud de cada músico. Depende de lo que quiere y puede hacer el otro. Por supuesto, el director guía, entrega, pero también recibe la propuesta del músico.

¿Y en la vida? ¿Qué espera usted de un «director»? ¿De Olmert, por ejemplo?

Olmert sería incapaz de ser director de orquesta: "es incapaz de escuchar".



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