Jueves, 17 de abril de 2008
El martes se presento, el libro "Los soldados del General" de periodistas José Luis Martínez y Matías Rótulo, con el prólogo del escritor y periodista Lincoln Maiztegui; libro donde se muestran testimonios y docuentos sobre aquellos militares que se enfrentaron a sus pares y fueron juzgados por el Tribunal de Honor durante la ultima dictadura...
De aquellos menos de los que nos hubiera gustado pero que existieron que nos muestran que ser milico no es sinonimo de facho ni de basura aunque sean tantos lo que una vez tras otra llenen de sangre las FFAA.

Articulo de La onda digital

Testimonios: hablan los soldados del general Líber Seregni
por José Luis Martínez y Matías Rótulo

Un sorprendente material testimonial y documental, recopilado por los periodistas José Luis Martínez y Matías Rótulo, recrea un tiempo violento en la sociedad uruguaya en donde interrogatorios, acusaciones, juicios, condenas, presos, torturas, aparatos armados, clandestinidad, logias, conspiraciones, entre otros hechos, marcaron en las convulsionadas décadas de los 60 y 70 a nuestras Fuerzas Armadas.

La valiosa investigación de estos dos periodistas recoge las actas de los Tribunales de Honor que las Fuerzas Armadas constituyeron para juzgar la conducta política de aquellos de sus pares que acompañaron la candidatura presidencial del general Líber Seregni en las elecciones de 1971, y en algún caso, de los que se enfrentaron con gallardía al quiebre institucional de 1973, o bien que se opusieron, en custodia de una tradición que los honra, al tratamiento brutal que en algunas unidades militares se daba a los detenidos por razones políticas.

En los fallos redactados de puño y letra por los oficiales superiores que presidieron los tribunales militares, quedaron para la historia las acusaciones, defensas y sentencias contra los generales Líber Seregni y Víctor Licandro, y el Coronel Carlos Zufriategui. Pero también los dictámenes de los juicios contra otros militares de una larga lista, entre ellos, Edison Arrarte, Pedro Montañez, Luis Lazo, Juan Carlos Rodríguez, Carlos Cabán, Brum Uruguay Canet, Irmo Timoteo Bidegaray, Guillermo Castelgrande, Juan A. Rodríguez, Carmelo López, Pedro Aguerre, Saverio A. Casella, Jaime Igorra, Ariel Gerona, Carlos R. Dutra, Julio C. Giorgi, Walter Maceiras, Oscar Demetrio Petrides y Hugo Frigerio Herrán. Estos oficiales fueron condenados, entre otras cosas, por sus vinculaciones a la corriente de opinión y movimiento denominado "1815", al Frente Amplio, al Partido Comunista, al MLN - Tupamaros, a grupos de izquierda, o simplemente por oponerse al golpe de Estado y defender la Constitución.

Los Soldados del General, revela y recrea un tiempo en que la confrontación ideológica fue llevada a extremos de absoluta irracionalidad, producto de una de las últimas fases de la guerra fría.

Lo Onda le adelante parte de este polémico libro que recoge parte de la historia reciente.

"En el mes de octubre de 1976 el Parlamento Europeo condenaba, por violaciones de los Derechos Humanos, a los regímenes de Uruguay, Chile y Argentina. Se conocía el Acto Institucional Nro.5 y el Estado uruguayo se declara tutor de los Derechos Humanos. Aparicio Méndez realiza declaraciones y ataca al Partido Demócrata de Estados Unidos.

Ese mes, las actas especiales número 11 y 22 dan cuenta del juicio al Coronel en situación de Retiro Oscar Demetrio Petrides Rada.

El juicio se realizó en Montevideo, en la sede de la Escuela de Armas y Servicios el 26 de octubre de 1976. En ese lugar se reunió el Tribunal Especial de Honor Nro. 2 integrado de la siguiente forma: como Presidente el General Gregorio C. Alvarez, como Vocal el General Rodolfo H. Zubia, y como Vocal Secretario el General Juan J. Méndez.

Petrides en su defensa dijo "yo les voy a dar, mi General, un original en que he articulado, si no una defensa, que yo entiendo que lo que hice no tiene defensa, sino una explicación".

El Coronel Petrides entregó una carta a los miembros del tribunal acusador la cual consta en el acta y decía textualmente: "Nací en hogar Batllista y con esa orientación política ingresé en la Escuela Militar en 1928. Treinta años después egresé del Ejército por propia voluntad, con el grado de Coronel y con ocho años de calificación de Muy Apto en el grado. Mi fracción política, el Batllismo, había perdido por amplia mayoría las elecciones y me sentí obligado a prestarle mi apoyo activo en las malas y desde la situación legal de Retiro. Durante los cuatro años siguientes fui el coordinador general de la Lista 15 en el departamento de Montevideo y el comentarista de problemas de política internacional en la tercera página de la edición semanal de los domingos del diario Acción. El Señor Luis Batlle me había confiado sus 800 clubes montevideanos y, con su aprobación periódica, la orientación en la propaganda de política internacional de su fracción. Muere Batlle en 1963 y continúo trabajando en el Batllismo primero con el senador Teófilo Collazo, luego con el Doctor Amilcar Vasconcellos, más tarde con el General Oscar Gestido, que me confía la intervención de la empresa omnibusera Copsa en el mismo mes de su ascenso al gobierno y en la que actúo como tal hasta el mes de noviembre de ese año 1966.

Inmediatamente después, por renuncia que presento a la intervención, el Intendente de Montevideo Doctor Segovia, me nombra Director de Relaciones Laborales de la Intendencia Municipal, con la misión de entenderme con Adeom, la organización dirigida por el Partido Comunista de los empleados municipales, puesto en que me confirma el Dr. Raquetti, con el título de Coordinador de Relaciones Laborales, y en el que me mantengo hasta el momento de mi renuncia voluntaria en 1971. Enumero lo anterior para poner en evidencia que desde mi nacimiento hasta 1971, durante sesenta y un años, actué como Batllista y que no existe un solo elemento, en mi hoja de servicios ni en mi vida política, que pueda probar una orientación distinta.

Esta situación me lleva a explicar los sucesos que, a fines de 1970 (probablemente en los meses de Agosto o Setiembre), me llevaron a una relación política con elementos del Partido Comunista, que fue de corta duración y que abandoné por propia voluntad. Lo anterior me lleva a recordar al Tribunal Especial de Honor Nro. 2 que a fines de 1970 mi fracción política había sido derrotada en tres elecciones sucesivas y que, poco después, sería derrotada nuevamente por la fracción más conservadora del Partido Colorado. Agrego que la situación caótica que imperaba en el ámbito político y social, me llevó a considerar, con muchos otros, que la posibilidad de un golpe de estado era inminente.

En este momento, Rodney Arismendi, que se había relacionado conmigo amistosamente desde 1963, (me lo presentaron en la Cámara de Diputados, una rueda de Diputados que había), me afirma que coincide en la apreciación de la posibilidad inminente de un golpe de estado, que este sólo podía ser detenido por una gran movilización popular de los Partidos Tradicionales y del llamado Frente Amplio, apoyados por la fracción de las Fuerzas Armadas que se proclamara antigolpista, que su Partido tenía una pequeña organización paramilitar que podía plegarse a las fuerzas militares antigolpistas, pero que necesitaba, para tener alguna efectividad, que cuatro o cinco personas calificadas recibieran nociones generales de mando y de Estado Mayor sin las cuales no estarían en condiciones de prestar ningún servicio. Luego de meditarlo, de buscar apoyos antigolpistas efectivos en mi fracción política y de no encontrarlos, decidí contribuir al antigolpismo brindando algunos conocimientos de mando y estado mayor a un grupo de cuatro personas que me presentó Arismendi y que integraban el Partido Comunista.

Coincidió la fecha del comienzo de estas clases con mi renuncia del cargo de Coordinador de Relaciones Laborales de la Intendencia Municipal de Montevideo, se realizaron cada mes y medio o dos meses y duraron hasta fines de 1972. Insisto en declarar que esta, mi actitud, fue tomada en preparación de la defensa de las instituciones constitucionales amenazadas, en mi entender, por un golpe de estado inminente.

Esta tesis, la defensa contra un golpe de estado, fue la que basamentó todo el desarrollo de la enseñanza que traté de impartir y era compartida por la totalidad de mis alumnos, que sólo eran cuatro. No obstante, a medida que pasaba el tiempo y la situación política se desarrollaba empeorando, me fui convenciendo ante la tremenda putrefacción de las organizaciones de los Partidos Políticos y la indiferencia e irresponsabilidad de los dirigentes más destacados, que la continuidad de la legalidad constitucional a través del régimen imperante, no lograría otra cosa que empeorar la situación caótica en que se encontraba la República y que sólo un régimen unitario que limpiara a fondo el panorama económico y político, podía lograr la salvación nacional.

Llegué pues a encontrarme en una situación personal, profundamente contradictoria, a saber: apoyando con mi trabajo concreto el antigolpismo y convencido, intelectual y moralmente, de que el triunfo del antigolpismo sólo serviría para hundir más a la República. Es en esta situación que llega a mi mesa de trabajo un pedido de la Dirección del Partido Comunista de que se planifiquen dos acciones (es la primera vez que llega un pedido semejante) de sabotaje, a saber: 1) la destrucción de un vehículo de un directivo de no sé qué empresa y 2) la detención de la producción a través del corte de corriente eléctrica a toda una barriada, de una de las grandes fábricas textiles ubicadas sobre la calle Veracierto.

Ante ellas, afirmo que nada tiene que ver con la preparación contra un golpe de estado, que se trata de acciones similares a las realizadas por los Tupamaros, que no serán planificadas bajo mi dirección y me retiro de la reunión.

Estos hechos fueron para mí la gota de agua que desbordó el vaso y, aprovechando una lesión cardiaca que aún tengo y que no me imposibilita para ningún trabajo, la tomo como pretexto para plantear mi retiro definitivo y así lo hago. Mi decisión provoca resistencias pero las mantengo y no vuelvo a ver a los integrantes del grupo ni a los dirigentes del Partido Comunista. Mi lesión cardiaca y su carácter pueden ser atestiguados por el cardiólogo del Hospital Militar Dr. Rivero. La decisión anterior a que me refiero fue tomada a fines de 1972 y hecha efectiva en enero de 1973. En resumen, de los sesenta y seis años que tengo fui estudiante hasta los 18 años, fui militar sin actividad política durante treinta y cinco años, actué trece años públicamente en el Partido Colorado y algo más de dos años como profesor conferencista (mediados del 70 a fin del 72) para cuatro personas del Partido Comunista en servicio de un ideal antigolpista y me aparté definitivamente de esta última tarea apenas me enteré que sus finalidades habían sido alteradas.

Afirmo que las denuncias de integrantes del Partido Comunista que mencionan esta última actividad derivan de un afán de venganza por haberme apartado de la tendencia en momentos que creyeron críticos y por motivos personales míos en los que no creyeron (principios de 1973). También digo en distintos momentos de mis relaciones con Rodney Arismendi, me fueron ofrecidos, para mí y mis familiares viajes a Europa y Asia con todos los gastos pagos y que fueron siempre rechazados por el declarante.

En relación con el aspecto de la declaración que me hace aparecer como dando instrucciones de tiro a integrantes del Partido Comunista afirmo que es una magnificación malintencionada de una inspección corriente que practiqué en el mencionado predio, de Punta Espinillo, cuando fui nombrado Interventor del mismo, en la que me acompañó uno de los integrantes del grupo que instruía y que según me dijo probó, sin éxito un tipo no determinado de fulminante. Luego de esa oportunidad la instalación permanente de una vigilancia por el Grupo de Artillería Nro. 5, pedida por mí, la vigilancia, hicieron imposible todo tipo de instrucción de tiro y la entrada de ajenos al campo sin debida autorización escrita, mía o del Intendente avalada por los documentos correspondientes. Como prueba firme de ideología democrática y batllista durante la totalidad de mi vida, digo: que ni Luis Batlle ni los otros líderes partidarios con quienes trabajé hubieran confiado a mi persona los altos intereses que confiaron, si hubieran sospechado o creído que tenía orientación comunista; que mi pensamiento político está inserto, con toda claridad, en los más de 200 artículos con más de 500 temas que escribí en el diario Acción desde 1959 a 1963 y por más de diez años en el semanario Marcha, tratando todos temas de política internacional con temas militares candentes y que todos están imbuidos de firme sentimiento liberal y democrático; que mi pensamiento e ideales militares pueden ser constatados en una serie de tres conferencias que a pedido de la Universidad de la República pronuncié en la década de los sesenta y que fueron publicadas en libro por la mencionada casa de estudios, con el título "El Militarismo en América Latina".

También afirmo que cuando comencé mis clases de estado mayor no existía ningún estado mayor ni cosa parecida en la organización paramilitar comunista y que tampoco existía cuando la dejé a fines de 1971. Que dicha organización, que nunca vi y que me fue explicada para poder orientar la instrucción no tenía a fines de 1972 más valor que el de una unidad administrativa, sin instrucción individual ni colectiva, sin instrucción de tiro, sin disciplina firme y sin conocimiento alguno de armas que, según se me dijo, estaban escondidas en distintos lugares de Montevideo y eran de tipo anticuado.

Porque la organización paramilitar comunista no era capaz de combatir por falta de preparación y porque lo que podía haber constituido un estado mayor no estaba en condiciones de actuar por falta de un jefe (como efectivamente no actuóGui?o el declarante se retiró y mantuvo silencio al respecto. Silencio al que contribuyeron los largos años de aislamiento militar y político del declarante y la repulsa a denunciar innecesariamente a los que hasta el día anterior habían sido sus alumnos. Como esa misma actitud no fue observada por esos alumnos, sin el acoso de ninguna necesidad imperiosa, considerándome objeto de una venganza expreso hoy la realidad de los hechos.

Completando estas declaraciones digo que luego de la negativa inicial ante el interrogador del SID, Coronel Fons, motivada en la sorpresa, traté el 6 de marzo de completar mi declaración inicial contestándoseme que ya tendría oportunidad de hacerlo.

El 13 del mismo mes elevé, a los mismos efectos, solicitud para hablar con el Jefe del Servicio de Información de Defensa no habiéndoseme contestado nada.

También debo aclarar que cuando digo al Juez de Instrucción que siempre simpaticé con los comunistas, estas simpatías deben entenderse como comunidad de simpatías antifascistas y antinazis de quienes siempre fui enemigo declarado"....

LA ONDA DIGITAL

 

Por esas honrosas excepciones....
Realizado por Mal_fica @ 23:04  | Actualidad uruguaya
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